Opinión |19 Nov 2012 - 9:03 pm
Repetición
Por: Hernán Peláez Restrepo
La repetición es una palabra que se oye habitualmente en los entrenamientos de equipos profesionales. Una y otra vez, en los tiros libres, en los centros para perfeccionar los cabezazos y en otras muchas jugadas o maniobras, los jugadores deben repetir hasta el cansancio para memorizar movimientos.
Claro que esos ejercicios son válidos, mas no en los partidos oficiales, porque se cae en la repetición de la repetidera.
Eso le pasó a Millonarios en su derrota ante el Júnior en el Metropolitano. No era necesario llevar la estadística para saber que Ómar Vásquez y Jarol Martínez se apoderaron de la pelota sin sacar provecho alguno. Martínez era la vía para lanzar centros sin ton ni son. Vásquez recibía, daba vueltas y de ahí no pasaba para abastecer a Wason o Cosme. Esa reiterada acción no trajo nada eficaz al equipo.
Júnior, en cambio, manejó con mejor criterio la pelota y Teo Gutiérrez resultó clave en las dos anotaciones barranquilleras. En la primera recibió un rebote y sacó un fuerte centro rastrero para que Ochoa, quien llegaba en el cierre, convirtiera un autogol. En el segundo, un magistral pase de Giovanny Hernández lo dejó jugando hacia la izquierda para definir el 2-0, y eso que le invalidaron por mala apreciación del auxiliar una legítima acción de gol. Es lo que se llama una participación activa, en poco contacto con la pelota, pero letal para definir. Después, Delgado, el arquero de buena actuación, con la cooperación de un integrante de la barrera humana, marcó de tiro libre el primer gol de su carrera. O al menos así lo celebró.
Júnior pudo ser práctico, mientras que Millonarios se diluyó en una ficticia posesión de balón con Vásquez y Martínez, dueños de la mayoría de intentos azules. Seguramente la expulsión de Franco, que obligó a cambios necesarios de jugadores y puestos, sirva como disculpa ante la gran verdad señalada al comienzo de estas líneas: la repetición es válida en los entrenamientos. En el partido es preciso recurrir a la sorpresa para engañar al rival, y eso Millos no lo supo hacer.
Para Tolima el triunfo sobre el Pasto y por tres goles de diferencia, en casa, es un tranquilizante, porque le estaba costando mucho ganar en el Murillo Toro. Este grupo al menos nos regaló seis goles y eso siempre será bueno, porque nada mejor que el gol, que generalmente cuenta con la complicidad de los zagueros.
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