Por: Angelika Rettberg

Cese al fuego unilateral

¿Las FARC están cañando para recuperarse o se están tomando en serio la negociación?

Esta es la pregunta que podremos responder con mejores elementos de juicio después del 20 de enero del 2013, cuando finalice el periodo de cese al fuego unilateral anunciado ayer por el grupo al ingresar al Palacio de Convenciones de La Habana para iniciar los diálogos con el gobierno.

El cese al fuego unilateral—un gesto político—aumenta lo que está en juego para todas las partes. Para las FARC, representa la oportunidad de acallar el escepticismo suscitado con el discurso de Iván Márquez en la instalación de los diálogos en Oslo, discurso que fue percibido como intransigente y maximalista. En ese sentido, el cese al fuego puede jugar el papel de mecanismo para generar confianza y mostrar compromiso con la mesa. Para las FARC el cese unilateral representa además la oportunidad de demostrar que tienen la capacidad de controlar y lograr el acato por parte de todos sus frentes. Así, se podrán despejar dudas respecto a la representatividad que tiene el equipo negociador presente en La Habana. Se podrán abordar también los rumores acerca de que no todos los bloques están apostándole a la paz por igual e identificar quiénes, en la organización de las FARC, son el eslabón o el ala más débil a la hora de asumir compromisos y acuerdos hacia la terminación del conflicto armado.

Para el gobierno, el cese al fuego anunciado por las FARC representa un reto importante también. La apuesta a la discreción y al bajo perfil le ha impedido al gobierno salir más vívida y frecuentemente en defensa del proceso. En este contexto, el gesto de las FARC aporta oxígeno a la mesa.

La pregunta no resuelta de cómo y por quién será verificado y monitoreado el cese de hostilidades constituye, sin embargo, un riesgo importante que puede tirar por la borda los méritos del gesto. Cuando ocurran los actos de violencia armada que seguramente sucederán en estos dos meses ¿cómo se establecerá si los autores fueron disidencias de las FARC o miembros de otros grupos? Para asegurar la contribución del cese al fuego a la consolidación de la mesa de diálogo éste tiene que ser creíble, sostenible y verificable.

 

*Angelika Rettberg, Directora y profesora asociada Departamento de Ciencia Política de la Universidad de Los Andes

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