Por: Mario Fernando Prado

Entre hombres, sí; entre mujeres, no

El acta de defunción del senador Gerlein no puede tener una causa peor: su homofóbica postura frente al matrimonio gay, que cavó la tumba del más antiguo parlamentario del país; se le fueron las luces y las patas en su intervención el pasado martes en pleno Congreso de la República.

Es que una cosa es no estar de acuerdo con el aborto o con la eutanasia o con el matrimonio entre homosexuales y otra muy distinta es calificar el sexo entre hombres como algo impúdico, cochino y excremental. Demostró ahí su nivel de intolerancia, su irrespeto por sus semejantes y su incapacidad de no agredir a quienes tienen todo el derecho de llevar una vida íntima a todas luces respetable.

Pero hay más: el senador rechaza la encatrada —para usar sus propios términos— de hombre con hombre, pero se muestra ahí sí permisivo y hasta complacido con la “encatrada” entre mujeres: ¿cómo así que aplaude el sexo lésbico? ¿Acaso ignora lo que se dice en los círculos psiquiátricos acerca de personas proclives a este tipo de comportamientos sexuales?

Sin duda, Gerlein en el declinar de su existencia se ha tornado muy duro en sus juicios de valor, pero muy blando en sus motivaciones sexuales, con un ingrediente: que las relaciones que él llama excrementales también se dan —y el que esté libre de culpa que tire la primera piedra— entre hombres y mujeres, y más en los habitantes de la Costa, en donde este tipo de sexo es una práctica por todos conocida.

Quien está investido de una posición legislativa no puede expresar opiniones que van en contravía de la realidad y, más, en contra de la dignidad de las personas. Y el hecho de querer dorar la píldora manifestando que tiene amistades homosexuales a quienes aprecia y respeta es un total oportunismo porque estoy seguro de que ninguno de ellos lo va a considerar merecedor de su amistad. Se le salió el tiro por la culata.

El Partido Conservador, que tiene entre sus huestes —como todos los movimientos políticos— a reconocidos homosexuales, va a tener que rectificar las declaraciones de este ser decimonónico; y, por otra parte, el senador Gerlein no podrá volver a pedir el favor del voto a sus antiguos electores concluyendo allí su enhiesta y varonil posición de macho de esos que nunca tuvieron el valor de salir de clóset.

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