Por: María Teresa Ronderos

Petro y el fétido negocio

El apestoso asunto de las basuras entre el alcalde Gustavo Petro y el gobierno Santos tiene su historia. El gobierno de Petro preparó una licitación, acogiendo el mandato de la Corte que había tumbado la anterior para hacer valer los derechos de los recicladores.

Además, el nuevo pliego de condiciones buscaba repartir entre un número mayor de empresas el jugoso negocio que tiene ingresos anuales de 365.000 millones de pesos.

La Comisión de Regulación del Agua Potable y Saneamiento no le puso el visto bueno al proyecto distrital, alegando problemas técnicos. Como el Distrito no alcanzaba a revisar, abrir y adjudicar la licitación antes de que venciera el plazo de los viejos contratos, tuvo que prorrogarlos hasta el 17 de diciembre de este año. Aun así, no llegó a tiempo, y como no puede volver a prorrogar, quiere poner a la Empresa de Acueducto y Alcantarillado a asumir la recolección de basuras de la ciudad, por un año quizás, hasta concretar contratos bajo una nueva licitación.

Lo que está en juego no es poca cosa. El margen de rentabilidad para los operadores es un fantástico 23% mensual y las tarifas de aseo están infladas hasta en un 20%, según cálculos del senador Carlos Alberto Baena; y hay casi 14.000 recicladores exigiendo una participación mayor a las migajas que hoy les dejan.

Los contratos actuales entonces no tienen aroma de rosas. Y tiene razón Petro: que peor huelen las trayectorias de algunos de los contratistas. A la de William Vélez, socio de Atesa, por ejemplo, la persiguen hedores desde que se descubrieron memorandos internos de los paramilitares que decían cómo iban a montar negocios de basura en asocio con él. Él, por supuesto, ha negado cualquier vínculo.

Es además, en efecto, una vergüenza que el gobierno nacional ponga a pantallar de supraalcaldesa a Gina Parody, una excandidata a la Alcaldía de Bogotá derrotada por Petro en las urnas. Y hiede a abuso la visita supuestamente administrativa de la Superindustria y Comercio a la EAAB de un gobierno que no dijo ni mu frente a las tarifas infladas, pero ahora, según dijo el gerente, le pidió su computador y buscó sus contenidos con la palabra clave “Petro”.

Aun teniendo los argumentos a su favor, sin embargo, Petro perdió toda autoridad con sus bravos picotazos de Twitter, sus irresponsables convocatorias a movilizaciones con tufo clasista y su “toma” de la EAAB con arengas. Si hubiera reaccionado con la seriedad que le impone ser alcalde mayor de Bogotá, habría subcontratado temporalmente a los operadores actuales, como le sugirieron sus subalternos, y precisamente porque tiene motivos para desconfiar de algunos de ellos, les hubiera impuesto reglas doblemente estrictas, en lugar de enemistarse con ellos con insultos de 140 caracteres.

Si no llega a alguna solución sensata en la reunión del próximo lunes con Santos para evitar que la capital se quede sin recolección de basuras en plena Navidad, le tocará responder a la emergencia solo. No es tarea menor conseguir que la EAAB, sin experiencia alguna en este complejo negocio, consiga, como sea, decenas de camiones para recoger 7.000 toneladas de basura diarias e improvise la coordinación de la operación. No sorprende si, furiosos por los insultos, los operadores estén apostando a ver sucumbir el errático mandato del actual alcalde bajo montañas de desperdicios.

Si Petro quiere que el gobierno nacional respete su investidura, tiene que hacerle sentir que él manda por la buena calidad y el temple de su gobierno. Es esto lo que convocaría a la ciudadanía a defenderlo y no el volumen de su megáfono.

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