Por: Daniel Mera Villamizar

Paz e involución de intelectuales

En 1992, un grupo de intelectuales condenó la legitimidad y la eficacia de la violencia guerrillera. 20 años después, un grupo similar les da a las Farc razones para justificar la lucha armada.

 “Su guerra, señores, perdió hace tiempo su vigencia histórica, y reconocerlo de buen corazón será también una victoria política”, finalizaba la carta de 1992. “Una paz negociada implicará reformas substanciales que afronten la aberrante inequidad”, dice la declaración de 2012.

Si bien los dos mensajes, opuestos entre sí, salen del mismo grupo social, ‘los intelectuales’, los firmantes no son los mismos, salvo unos ocho nombres, que vendrían a ser los que han ‘involucionado’. Los diez primeros que suscribieron la carta a la coordinadora guerrillera Simón Bolívar fueron: Antonio Caballero, Gabriel García Márquez, Nicolás Buenaventura, Fernando Botero, Eduardo Pizarro, Apolinar Díaz Callejas, Álvaro Camacho, Enrique Santos Calderón, Roberto Sáenz (hermano de ‘Alfonso Cano’) y María Jimena Duzán, entre un poco más de 50. El texto fue finalmente redactado por García Márquez, recuerda Eduardo Pizarro. Ninguno de esos siete que viven firmó en 2012.

La declaración de cerca de 300 “artistas, profesores, investigadores, periodistas y líderes comunitarios que respaldan el proceso de paz” de 2012 fue promovida por razonpublica.com, e incluye a intelectuales reconocidos como Medófilo Medina, Hernando Gómez Buendía, Gabriel Izquierdo S.J., Natalia Springer, Marco Palacios, Alfredo Molano Bravo, Fernán González, José Fernando Isaza, Francisco Leal Buitrago y Absalón Machado, entre muchos. Sin embargo, que aparezcan también Álvaro Tirado Mejía, Francisco Thoumi y Marcela Prieto, por ejemplo, sugiere que pudo operar aquello de “una firma no se le niega a nadie”.

En comparación con la de 1992, la postura de tantos intelectuales en 2012 tiene al menos tres problemas: i) no rechaza la violencia con fines políticos; ii) en vez de un llamado a “una rectificación radical de años de equivocaciones”, que implicaría la dejación de las armas, lo que hace es iii) imbricar la negociación de paz con “las reformas políticas y sociales” (y más: “la relación agricultura-minería, la reconversión de tierras dedicadas a la ganadería, la inversión extranjera, la reprimarización de la economía”), reconociéndoles una legitimidad que para el efecto no tienen. En suma, no adopta el punto de vista de la democracia. “Sin reformas substanciales no hay paz”, es justamente el mensaje de las Farc.

Dado que los intelectuales que no comparten la declaración auspiciada por Razón Pública no han sacado su propio comunicado, muchos pueden creer que ‘los intelectuales’ cambiaron de posición frente a la guerrilla en 20 años, “en sentido contrario de la historia”. En rigor, ocho habrían ‘migrado’ de postura: Daniel Samper Pizano, Carlos Vicente de Roux, Claudia Steiner, Fernán González, Socorro Ramírez, María Teresa Garcés, Álvaro Guzmán y Javier Guerrero. Si Simón Gaviria ‘paga’ por no leer, ¿por qué a los intelectuales les tiene que salir gratis firmar (sin leer bien?).

 

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