Por: Felipe Zuleta Lleras

De rufianes de barrio

Este país realmente es un sainete cuando de nuestros políticos se trata. Santos le dice a Uribe en la convención de la U que no viene como un rufián de barrio.

A su vez Uribe les echa vainas al proceso de paz y al papel del presidente Chávez en los diálogos con las Farc y dice una que otra imprecisión en lo que tiene que ver con su gobierno y los paramilitares y un proceso secreto con las Farc y el Eln.

Gabriel Silva, su exembajador y exministro de Defensa, escribe una columna en la que precisa algunas de las mentirillas de Uribe y éste arremete con toda clase de adjetivos “descalificativos”, como trepador, perfumado de cuello blanco, embustero, etcétera. Silva contesta y acusa al expresidente de haber parado un operativo para detener a Iván Márquez en Venezuela y sostiene que de no ser por su papel como embajador, Uribe estaría siendo arrastrado de corte en corte en los Estados Unidos.

Esta semana, específicamente el lunes, la Corte Internacional de La Haya, en una controvertida sentencia, delimitó las aguas de Colombia en el mar Caribe, quitándole 180.00 km2 de sus aguas territoriales. El presidente de la República cita a la comisión asesora y al mejor estilo tropical sale por los medios a decir que Colombia sólo acatará parcialmente esa decisión de un tribunal, cuya competencia reconoció Colombia desde 1948, a través del llamado Pacto de Bogotá. Precisamente este pacto es el que obliga a los países signatarios a resolver sus conflictos de manera pacífica, es decir, respetando las decisiones de la CIH.

Como rufián de esquina, Santos desconoce un fallo, que nunca habría sido en contra de los intereses del país si en el año 2001 no hubieran contestado la demanda de Nicaragua y si, en 2007, no se hubiesen argumentado excepciones preliminares cuestionando la competencia de la CIH. Esos errores, que hoy nadie quiere asumir, fueron precisamente los que produjeron el descalabro que nos tiene a los colombianos tristes, muy tristes. Y ahora la pobre canciller Holguín sale y dice que vamos a retirarnos del Pacto de Bogotá (más de 20 años tarde).

Tranquila ministra que usted no es la única culpable, pues detrás suyo hubo 19 cancilleres que la embarraron en materia grave. Desafortunadamente la mayoría o están muertos o van a pasar de agache.

Y como si fuera poco, el alcalde Petro, en un acto típico de sus conductas populistas, se tomó la Empresa de Acueducto ante el anuncio de la consejera Gina Parody de que el Gobierno intervendría la empresa si para el 18 de diciembre no se garantizan la libre competencia y la eficiencia en la prestación del servicio de recolección de basuras. Hay megáfonos, arengas, gritos, inspecciones de la Superintendencia de Industria, carta de la Superservicios, denuncias penales. Otro enfrentamiento inútil e innecesario.

De todo esto lo único que queda es un mal ejemplo para millones de colombianos que estamos, sí, obligados a acatar las sentencias y a cumplir la ley.

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