Por: Augusto Trujillo Muñoz

Lo demás es lo de menos

La historia es caprichosa. Después del fallo de La Haya el corazón geopolítico de América regresó al Caribe. Pero no a México, ni a Cuba, ni a Panamá, sino a Colombia.

Con razón el editorialista de “El Espectador” ha pedido sensatez para manejar las consecuencias del fallo. María Jimena Duzán escribe en la revista “Semana” que si el presidente Santos quiere reelegirse debe aprovechar esta derrota para replantear a fondo su política internacional. Podría expresarse de otra manera: Santos puede pasar a la historia como un auténtico líder regional, si maneja este tema con grandeza, con audacia, con madurez. La historia comienza todos los días.

Necesitará hacer rectificaciones y privilegiar acciones políticas de efecto inmediato sobre acciones jurídicas de efecto diferido. Tendrá que renovar la Cancillería y pensar en una especie de Consejero del más alto nivel para el Caribe. Con un equipo más competente y más idóneo a su lado, podrá empinarse mejor sobre los hombros de figuras de excepción en el pensamiento jurídico y en la acción política, cuya impronta ha hecho de Colombia un país respetable y respetado en la región, precisamente por su respeto al derecho. Una vez señaladas –y asumidas- las responsabilidades políticas, es preciso mirar hacia el Caribe con sentido de integración y de futuro.

Hace algún tiempo Gabo expresó que sentía nostalgia de “viejo país”. De aquellos dirigentes que, más allá de sus errores, sortearon con éxito enormes dificultades e incertidumbres: Era el país de López y de Santos, el de los Lleras, Echandía, Gaitán. Un país menos preparado para la participación ciudadana, pero mejor representado que el actual. Con mejores dirigentes, con medios de comunicaciones más independientes y menos frívolos. Los congresistas eran responsables, los presidentes eran líderes continentales y los ministros eran presidenciables.

Ante el impacto negativo del fallo el presidente Santos tendrá que asumir un liderazgo como pocas veces ha sido necesario en nuestra historia. Está frente al reto más grande de su carrera pública. De este fracaso puede surgir una nueva política que posicione a Colombia en el Caribe y al Caribe en América. Primero tiene que desactivar el debate generado por la rabia que produjo el descalabro y luego adelantar una política propositiva. Lo primero supone reemplazar a los responsables políticos del desastre que aún permanecen en su gobierno, y lo segundo diseñar una política internacional coherente. Se necesitan imaginación jurídica y creatividad política.

Lo escribió, tinosamente, Guillermo Pérez Flórez en su columna de “El Nuevo Día” de Ibagué: “Acatar o no el fallo, es un falso dilema…Lo que la hora exige es más Caribe”. Un gran embajador en Managua o un gran Consejero para el Caribe, ojalá con dimensión presidencial, contribuiría mucho a reconfigurar el escenario de esa subregión, sobre la cual Colombia necesita recuperar capacidad de maniobra diplomática. Como dice Pérez no debemos alejarnos de Nicaragua y del Caribe, sino acercarnos. Pero es preciso adelantar un trabajo muy cuidadoso de orfebrería política. Sólo así obtendremos el escenario propicio para jugar con las blancas. Lo demás es lo de menos.

Ex senador, profesor universitario. atm@cidan.net

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