Por: María Elvira Bonilla

Cuando nadie cree en nada

La última encuesta del clima de opinión del país es devastadora. No sólo coloca al presidente Santos y su gobierno en el punto más bajo desde el inicio del cuatrienio, sino que muestra la realidad de una ciudadanía desencantada y escéptica que cree que el país va por mal camino.

El proceso creciente de deslegitimización y banalización del poder y de sus instituciones parece incontenible. Dos de cada tres colombianos reconocen sentirse liberados a su suerte, huérfanos de la protección de las autoridades, jueces y cortes, organismos de control, la Fuerza Pública que ha perdido credibilidad.

La desconfianza se ha ido profundizando y no se salvan del castigo de la opinión ni las instituciones ni sus cabezas. La Procuraduría y la Contraloría, con Ordóñez y Morelli a la cabeza, bajan 6 puntos, a pesar de su alta visibilidad mediática. Sólo la Iglesia católica alcanza un 65% de aceptación, mientras que la imagen positiva del gabinete ministerial no supera el 33%. Los ministros son unos ilustres desconocidos —a excepción de Germán Vargas, aunque también baja— y el gobierno nacional se raja en todos los frentes, incluidos los temas cruciales de tierras, víctimas y vivienda gratis, con una percepción generalizada de promesas incumplidas. Resulta por esto simplista atribuir el mal desempeño al fallo adverso de La Haya.

El optimismo con el que la opinión pública recibió las negociaciones con la guerrilla empieza a marchitarse con una caída de 20 puntos porcentuales cuando apenas empiezan a aflorar las primeras dificultades y los desafíos que tiene este gran propósito, como ya lo vivieron los seis últimos gobiernos que intentaron también buscarle una salida negociada al conflicto a través del diálogo. Con los antecedentes de Santos, no es descartable que los resultados negativos y el rédito de este esfuerzo lo precipiten a tomar decisiones y aproveche el menor obstáculo para dejar esta tarea empezada, como ha ocurrido con otras temas cruciales.

Álvaro Uribe no se queda atrás, y a pesar de su incontinente Twitter su favorabilidad cayó al 49%, castigando su fallida estrategia de polarización y señalando la inexistencia del Puro Centro Democrático.

Pero si hay algo que preocupa es la maltrecha situación de la justicia, el bastión de cualquier democracia que se respete. La desconfianza con las “altas cortes” es abrumadora: el 73% de los encuestados no confía en éstas y un 66% expresó su incredulidad frente a la justicia en general, que, y esto resulta increíble, le gana en desconfianza al Congreso de la República, que históricamente ha sido tal vez la institución más desprestigiada del país. ¡Terrible una sociedad sin justicia o con una justicia politizada o amangualada!

El cuadro que pinta y la información que se desprende de esta muestra amplia y representativa del sentir de los colombianos deja un sabor amargo y la asombrosa confirmación de que hemos llegado al punto en el que nadie cree en nada ni en nadie. Una sombría situación que puede evolucionar de cualquier manera y que obliga a prender las alarmas.

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