Por: Cartas de los lectores

Una aclaración

Le quería pedir al diario que incluya la siguiente aclaración con relación a mi escrito del domingo pasado, “La Haya y los naufragios”:

“Mariano Aznar es catedrático de derecho internacional público de la Universitat Jaume I de Castellón, en España. Es miembro de la Comisión Científica del Plan Nacional para la Protección del Patrimonio Cultural Subacuático de España. Ha actuado como abogado-consejero de España ante el Tribunal Internacional para el Derecho del Mar en el asunto M/V Louisa. Las opiniones expresadas por el doctor Aznar con relación al galeón San José y las naves de Estado han sido enteramente suyas y no conforman necesariamente una posición oficial de la Corona de España”.

Quisiera aprovechar esta oportunidad para felicitar a El Espectador, y en especial a Nelson Fredy Padilla, por su acertado cubrimiento de esta delicada noticia, destacándose por sus reportajes balanceados y objetivos, dándoles a sus miles de lectores una presentación muy clara de este histórico aunque nefasto episodio de nuestra historia.

Les comento que recibí múltiples llamadas y correos de apoyo desde los sitios más apartados con relación a este artículo. En particular, sobresale el de una interesante y cultísima señora de Barichara, la cual gozó inmensamente este escrito, diciéndome que ella sólo leía El Espectador, “pues sólo ellos dicen la verdad”. Me uno a esa distinguida dama. Mil gracias.

Daniel de Narváez McAllister.
Bogotá.

Protección a niños

Qué bien que al padre abusador del municipio de Santuario, Antioquia, se le haya capturado, y mucho mejor que se le aplique una ejemplarizante sanción. Casos como este suceden en todo el territorio nacional, sin que sean detectados por las autoridades. Se necesita con urgencia que las autoridades locales sean más efectivas en la implementación de la política pública que erradique estas prácticas abominables. Que se diseñen mecanismos que despierten la sensibilidad de toda la sociedad, para que se denuncie a tiempo; es decir, acabar con la negligencia y la indiferencia de toda la comunidad. La erradicación de estos hechos debe convertirse en una obsesión. Que no quede ningún rincón del país desprotegido por el Estado, labor que los órganos de control deben verificar para que actúen antes de que las desgracias aparezcan. Las personerías deben estar alertas visitando poblaciones en alto grado de riesgo. Los funcionarios del ICBF deben sudar la camiseta recorriendo el sector rural. Los alcaldes deben poner a funcionar toda la burocracia municipal en defensa de los niños y las niñas, que no vengan más casos tan dolorosos como el de Santuario. Santuario de respeto y protección deben ser nuestros hijos.

Édgar Guillermo Bejarano.
Bogotá.

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