Por: Mario Morales

¿Y más nada?

No creo que la comunicación política del Gobierno esté fallando con los diálogos de paz en La Habana. El necesario sigilo prometido se ha cumplido aun a riesgo de perder iniciativa frente a la locuaz guerrilla tras diez años de silencio mediático.

El apoyo, el verdadero apoyo que necesita el proceso no es éste, fluctuante y emocional, que miden las encuestas. Además es imposible mantener en hervor el alma colectiva durante este año largo de conversaciones. El espaldarazo popular se necesitará de veras a la hora de las definiciones, de los sapos a tragar, de las concesiones.

Lo que sí viene fallando es el tono, encuadre y estrategias narrativas de la mayor parte de los medios que “narran” lo que sucede en Cuba como si fuera un combate cuerpo a cuerpo, un partido de fútbol o un “cara a cara” televisivo. El típico periodismo de conflicto.

Nos quedamos en los 90 y ese enfoque maniqueo de protagonistas y antagonistas, reducido a cazar declaraciones y reacciones, esto es, opiniones y versiones predecibles, sin hechos porque no los hay aún. Y más nada.

Que la viuda de Tirofijo dice que tienen secuestrados (claro que los tienen), que la desmienten Granda y Santrich, que el mindefensa contesta altisonante, como si no supiéramos desde siempre que se trata de poses y libretos que quieren vender la imagen de un gobierno con pantalones amarrados, y de paso acelerar el proceso. Mientras unos hacen política otros buscan audiencias, como cajas de resonancia.

O Santos dice que la dialogadera no puede pasar de noviembre de 2013, y se dispara la maquinaria de especulaciones, percepciones y puntos de vista, a cual más indignado. Y más nada.

No se trata de hacer el mal llamado periodismo del posconflicto. No, hace falta un periodismo sereno, del presente, con contexto, que sepa callar cuando no tiene nada que contar, que le huya al relleno y al show y se despoje de pasiones, por lo menos mientras haya diálogos. Nada más.

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