Por: Cecilia Orozco Tascón

Bogotá, indicadores cero

La gestión del alcalde de Bogotá es un ejemplo dramático de la distancia que existe entre el bla, bla, bla del Congreso y la eficiencia de los ejecutores serios.

No en vano, un refrán popular se refiere a la ambición que rompe el saco. Lo repito: ese defecto, el de la ambición desmedida, sumado a otro, el de la vanidad napoleónica, terminaron por ser el germen que destruyó la imagen del senador Petro, hombre serio, estudioso, arrojado, para devenir en la de un candidato desesperado por ganar cualquier cargo, y terminar en la de un burgomaestre autoritario que luce colérico y desconcertado. Aparte de la corrupción generalizada que marcó la administración de Samuel Moreno y que no ha contaminado a la actual, al menos que se sepa, la incapacidad para resolver los problemas de la capital en uno y otro caso, es igual. O tal vez peor, porque Petro parece tener delirio de persecución que le hace rechazar las críticas sin razonamiento previo, y complejo de adanismo, padecido por el que emprende una actividad destruyendo todo, como si nada de lo que se hubiera hecho antes sirviera para algo.

Al lío de las basuras no le faltaba más ingrediente que el de una pelea a puñetazos, con amenaza de escalar a una de cuchilladas. Ocurrió entre la líder de un grupo de recicladores y el director de la dependencia distrital responsable del asunto. Antes que pensar en la ciudad que ve, inquieta, cómo se acerca el fatal 18 de diciembre sin que le cuenten quiénes recogerán las basuras a partir de esa fecha, el alcalde ha querido aprovechar políticamente el caos que él mismo generó con sus indecisiones y con la inactividad de las oficinas capitalinas en donde, a juzgar por los resultados, nadie mueve una hoja de papel, a un año de iniciado este periodo. Supuestamente dentro de 13 días empezará a operar el modelo Petro de recolección. Sin embargo: 1. No se sabe dónde están los camiones del Acueducto que harán la tarea. 2.- No se ha informado si las cuestionadas empresas particulares que realizan hoy esa labor, están negociando con el Distrito a espaldas de la ciudad mientras se las insulta en público. 3. No se ha empezado la labor de pedagogía con los habitantes de Bogotá.

Lo que sí no esperábamos era que los recicladores, a los que tanto ha apelado Petro para crear una base electoral clasista que lo acompañe en futuras aspiraciones, tampoco estuvieran enterados de qué ocurre con la política “Basura Cero” que él promociona. Aquella población a la que el burgomaestre llamó para que se rebelara contra la inspección de la Superintendencia al Acueducto a pesar de que tiene la facultad legal de realizarla, la misma gente a la que el alcalde ha sostenido que quiere proteger cuando lo cierto es que una sentencia de la Corte Constitucional se lo ordena y él no tiene otra opción que cumplirla, ha tomado su propia vocería para contarnos: 1. Que la administración no sabe cuántos recicladores hay en Bogotá. 2. Que quienes han tenido contacto con la alcaldía no son los recolectores organizados y 3. Que no conoce el programa ni los mecanismos para incluirla en el negocio. O sea que todo lo dicho por el alcalde es perorata sin fondo. Así lo retrata dramáticamente un documento al que nadie (incluyéndome a mí) le paró bolas. Se trata de un reporte de seguimiento para el cumplimiento de la sentencia de la Constitucional. Solo una frase de ese informe de una procuradora: “… el ‘indicador de resultado’ (de la estrategia de la alcaldía en materia de inclusión de los recicladores en el negocio de las basuras) que actualmente está en ejecución, sigue siendo cero por ciento (0%)”. Es del 11 de octubre y el seguimiento empezó en abril. Del programa Basuras Cero pasamos a la realidad desmaquillada: indicadores de ejecución cero. Puro bla, bla, bla.

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