Opinión |5 Dic 2012 - 11:00 pm
Remates al condón
Por: Mauricio Rubio
Cuando Elisa nos contó que su hija Viviana y el novio se habían hecho la prueba del VIH quedamos desconcertados, no entendíamos por qué la infidencia. “Es que se van a vivir juntos, y dejan de usar preservativo”, nos aclaró. “Además, hicieron un pacto de fidelidad”.
Nunca nos había quedado tan claro que, sin esas dos arandelas finales, el sólo preservativo para prevenir el contagio del VIH es casi inocuo. Con períodos de incubación que pueden alcanzar años, y personas seropositivas sin ningún síntoma, abandonar el condón al afianzarse la pareja antes de comprobar que “todo bien, todo bien” es casi equivalente a no haberlo usado.
El sábado pasado se celebró el Día Mundial de la Lucha contra el VIH. Son varias las regiones en las que la epidemia ya cambió de género. En el África subsahariana, el 60% de las personas infectadas son mujeres. Los mecanismos de transmisión son tortuosos. La mayoría de los clientes de prostitutas son casados y entre ellos no es extraño que los más asiduos a una misma mujer dejen de ponerse el condón. Tales muestras de confianza se han observado entre escorts londinenses o prepagos colombianas. En Jakarta se encontró que tres de cada cinco de los hombres que compran servicios sexuales a los warias (travestis) tienen simultáneamente esposa y novias casuales, sin que la protección sea siempre sistemática.
Colombia está lejos de esa triste participación femenina, y los hombres aún concentran tres cuartas partes de los casos reportados. Pero las tendencias recientes preocupan. La incidencia de VIH ha venido aumentando en las mujeres más que en los hombres, que en promedio muestran una tendencia estable. El contagio en la cohorte femenina entre 15 y 24 años crece vigorosamente. El sexo heterosexual es responsable de la transmisión en más del 90% de casos de mujeres, contra apenas la mitad en los hombres.
Hace una década Silvana Paternostro planteó que en Latinoamérica, como ocurre en África y Asia, son algunos hombres muy promiscuos los que infectan a sus fieles novias y esposas. “Podemos descubrir que somos seropositivas habiéndonos acostado con un sólo hombre... En ciudad de México, Río de Janeiro y Bogotá conocí viudas jóvenes que se enteraron de que sus maridos tenían sida sólo después de sus muertes”. El testimonio de una compatriota es transparente. “Me casé a los 18 años. No tuve otro novio. Jamás se me hubiera ocurrido estar con otro hombre. Él nunca planificó, decía que esa era mi obligación. Tras 35 años de matrimonio vine a saber que yo tenía el VIH”. Viviana fue prudente poniéndole un par de codas al abandono del condón.
* Mauricio Rubio
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Mauricio Rubio | Elespectador.com
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