Por: Cartas de los lectores

Cartas de los lectores

El fenómeno del matoneo o bullying es una de las mayores preocupaciones de los padres de familia y establecimientos educativos.

Sus víctimas se sienten indefensas frente a los abusos de otros niños que utilizan toda clase de estrategias para insultar o hacerles imposible la vida. Se configura una relación de poder donde el abusador ejerce una especie de dictadura oprobiosa sobre el abusado.

Pues bien, este abuso del poder no se limita al ámbito escolar. La reelección del procurador es uno de tantos ejemplos. No sólo bajo la compra de votos a través de contratos con familiares de congresistas se ha construido esa reelección; también a través de ejercer el poder de abrir o no investigaciones a quienes se le opongan —caso del actual ministro de Vivienda—, se ejerció un matoneo y un abuso de poder que facilitaron la reelección de Ordóñez. Y si lo hace Ordóñez, ¿por qué no lo pueden hacer otras entidades de control en otros niveles? Efectivamente, el matoneo de empleados de entidades de control que amenazan con abrir investigaciones, justificadas o no, y filtrarlas a la prensa, a cambio de prebendas, ya se está dando en algunas regiones. Si puede el procurador, ¿por qué nosotros no?

La reciente y efímera discusión sobre “periodismo empresarial” también ilustra una diferente variedad de matoneo. Aunque se ha basado sobre la supuesta compra de pauta para obtener una cobertura favorable, el siguiente paso obvio de bullying periodístico es el de iniciar una cobertura desfavorable y ofrecer compra de pauta a la empresa o entidad afectada posteriormente. Casos se han visto. Los periodistas monotemáticos, o aquellos que ven como un triunfo personal o de sus “fuentes” la caída de un funcionario o dirigente, no a raíz de un escándalo sino por estar en desacuerdo con sus políticas, son otro ejemplo de matoneo.

Pero los periodistas también son víctimas de matoneo. Cuando critican la forma en que algunos de sus colegas ejercen su oficio pueden enfrentarse a una suerte de “venganza editorial”, dirigida a desviar el debate y afectar la imagen de quienes hacen los cuestionamientos. El matoneo más frecuente, aunque poco efectivo, es el de los “comentaristas” de las redes sociales y los espacios que los medios brindan para insultar y plantear odios. Como sucede con los niños, los matones se aprovechan del anonimato virtual.

Existen muchos otros ejemplos. El matoneo de los abogados, que a través de demandas penales y la manipulación de los medios buscan intimidar a la contraparte. El matoneo de Twitter, que en menos de 140 caracteres pretende resolver con juicios de valor y máximas inapelables temas que requieren debate y juicios profundos. En fin, a pasos agigantados nos estamos convirtiendo en la sociedad del matoneo. 

León Felipe Simancas. Pereira.

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