Por: Iván Mejía Álvarez

Fachos

Desproporcionada, ridícula e injusta se antoja la durísima sanción de la Comisión de Disciplina contra el dirigente Eduardo Pimentel a raíz de un trino de éste preguntando quién era el padrino de uno de esos árbitros de pacotilla que tiene el torneo colombiano.

Los fallos de esa comisión rayan permanentemente contra la lógica. Inventan sobre la marcha, dividen puntos, dejan partidos volando, se acomodan, prejuzgan, son un desastre y queda permanentemente la sensación de que allí unos “destacados juristas” se convierten en unos rábulas sin fundamentos con sentencias que desquician a cualquiera y le hacen más daño a la credibilidad del fútbol que los mismos actos por los cuales sancionan a Pimentel.

A Eduardo le imponen la sanción más fuerte de su vida por la bobada más chiquita que ha cometido dentro de su largo prontuario. Pimentel de verdad ha protagonizado hechos de absoluta irresponsabilidad que sí hubieran merecido penas como ésta. Entrar a la cancha, insultar jueces, amenazar dirigentes, tronar contra todos los colegas y directivos. Esas sí pudieron ser causales para que en algún momento le aplicaran una sanción tan fuerte. Pero meterle una millonaria multa y suspenderlo durante tres meses de toda actividad dirigencial por un trino contra un juez y, fundamentalmente, por preguntar algo que muchísimos nos preguntamos: quiénes son los “padrinos” de jueces tan malos como Peñuela, Lamoroux, Restrepo, unos auténticos adefesios de la profesión.

Más grave que trinar preguntando por el “gran padrino” —muchos sabemos cómo se mueve González— es insultar y desafiar a bala a otro directivo en la puerta de un hotel en Barranquilla. Más grave fue lo que hizo el titular del Itagüí cuando arremetió contra Hernán Darío Gómez en Ditaires en pleno partido. Más graves son tantas cosas y tantos incidentes que se comentan sotto voce y que la inefable comisión disciplinaria no investiga de oficio, pero en cambio sí lo hace con el trino de Pimentel.

Sí, Pimentel tiene razón: existen nefastos personajes que apadrinan jueces y los convierten en “calanchines” para manipular resultados. Los ha habido siempre, los hay ahora y preguntarlo públicamente no puede ser motivo para una sanción tan desproporcionada y ridícula.

Y para rematar, ¿quiénes son los “padrinos” de estos ineptos sujetos, censuradores, fascistas y fundamentalistas que ahora se arrogan la potestad de decretar el veto y la censura en el fútbol?

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