Opinión |10 Dic 2012 - 11:00 pm

Jaime Arocha

Orula, Iyamba y Kunalumbo

Por: Jaime Arocha

El 5 de diciembre, UNESCO anunció que la “Fiesta de San Francisco de Asís en Quibdó (Colombia)” ya estaba dentro de la “Lista representativa del patrimonio inmaterial de la humanidad”. Su origen se remonta a la balsada por el río Atrato con la imagen del santo que en 1644 hizo Fray Matías Abad, pero cuyo ritual presente lo ideó en 1926 el padre Nicolás Medrano.

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La celebración despliega fervor religioso, música, danza y culinaria. El 3 de septiembre comienzan las procesiones y cantos de alborada; luego vienen decenas de desfiles de difrá, comparsas que marchan al lado de carrozas hechas por el pueblo para ironizar las desgracias nacionales o las corruptelas de senadores y diputados. Las siguen el bunde o reburú dentro del cual cientos de personas bailan al son de chirimías a un ritmo que requiere el mejor estado físico posible, para cerrar las noches con verbenas que ofrecen las señoras de cada barrio para que quien quiera entre a su casa, se tome un trago de aguardiente Platino, baile, pruebe el sancocho de las siete carnes y quede listo para la siguiente alborada. Así hasta el 4 de octubre, cuando tiene lugar la procesión solemne que pasa por los 12 barrios sanpacheros, cada uno de los cuales hace bellos arcos que pueden incluir tallas de madera y bajo los cuales se rezan gozos compuestos para la ocasión.

Uno habría deseado que el proyecto que el Ministerio de Cultura y la Fundación Fiestas Franciscanas de Quibdó le sometieron a UNESCO hubiera sido más enfático de la posibilidad histórica a la cual se refirió Nina S. de Friedemann: la gente yoruba, esclavizada en el Chocó, habría escondido a su oricha Orula en la figura de San Pacho, obviando así la persecución a la cual la iglesia Católica sometía a esa deidad “pagana” de la sabiduría y el destino, cuyos colores emblemáticos también son el verde y el amarillo. Del mismo modo, que hubiera destacado cómo Manuel Zapata Olivella había llamado la atención acerca de que las cualidades de San Pacho para dominar incendios eran afines a las del señor Iyamba de la gente bantú, llevada a la misma región por sus habilidades herreras, o que el antropólogo chocoano Rogerio Velásquez señalara que en el valle del río Congo a San Francisco lo llamaban Taita Pancho Kunalumbo.

Me refiero a estas raíces, porque luego de que UNESCO reconoce esos patrimonios, el Estado tiende a desafricanizarlos, como puede apreciarse en la exhibición del Museo Nacional sobre el “Patrimonio de Colombia para la humanidad”. Dentro de ella, el Carnaval de Barranquilla, el Espacio Cultural de San Basilio de Palenque y las músicas de marimba y cantos tradicionales del Pacífico sur de Colombia aparecen como expresiones mestizas, en contraste con las de los indígenas clasificadas como “herencia prehispánica”, poco influidas por el “proyecto civilizador hispánco-católico”. Parecería que para la curaduría de esa exposición, impera la idea de una nación dividida entre gente “pura” y gente “mezclada”, pese a que la definición de esa última mitad oculta especificidades de africanía, y que tal concepción de mestizaje hoy ofende al movimiento social de la gente afrocolombiana, palenquera y raizal.

* Programa UNESCO La Ruta del Esclavo, resistencia, libertad y patrimonio.

 

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labusqueda

Jue, 01/17/2013 - 20:35
Crucial señalar la falta de inclusión de los legados de África en el "San Pacho" sin embargo desastrosa la idea permanente y reiterada del columnista sobre las herencias yorubas y sobre Ananse. A Colombia llegaron por los menos 28 naciones procedentes del África occidental, las mismas estuvieron presentes durante 3 siglos en el Chocó. Qué estudios históricos o antropológicos demuestran que San Pacho es Orula? Sería útil que La Ruta del Esclavo en Colombia promoviera la investigación africanista y realizara mas trabajo de sensibilización al respecto en el Ministerio de Cultura, en las universidades públicas y privadas y en tantos otros escenarios. La yorubización y la akanización permanente del columnista no es acaso otra forma de invisibilización de los demás legados africanos en Colombia?
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Ar mareo

Mar, 12/11/2012 - 17:53
. Me parece importante el reconocer el origen historico y el valor cultural y religioso de los aportes africanos a nuestra identidad, siempre y cuando sean con el objetivo de conocer y entender mejor eso q llamamos Colombiano. Sin embargo en un pais dividido y poco cohesivo, siempre se corre el riesgo de crear mas divicion cuando los blancos se creen europeos y los negros africanos
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Ocossa

Mar, 12/11/2012 - 11:31
Por otra parte, lo de Nina fué siempre más ficción que realidad, no se le puede creer mucho. Ella buscaba algun mito africano y luego trataba de enasillar en el a alguna comunidad negra de Colombia, así fuera a la brava. O alguna teoría antropológica estadounidense de moda (ejemplo, huellas de africanía) y se iba al campo a encasillar a los negros colombianos en esa teoría. Rogerio es otra cosa, y también Zapata Olivella, aunque tendía a la charlatanería.
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Ocossa

Mar, 12/11/2012 - 08:57
¡Qué bueno el recuerdo de Rogerio Velásquez, un antropólogo de Sipí que los académicos de hoy desconocen, y un gran escritor colombiano! En la Biblioteca Afrocolombiano hay un muy buen libro de ensayos escogidos de Rogerio, con excelente prólogo. Allí hay un texto de él sobre San Pacho.
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doloresthomas

Mar, 12/11/2012 - 04:30
San Pacho es una gran, gran fiesta. Quizás una de las experiencias más intensas que un ser humano puede vivir. El aporte de las culturas africanas a Colombia, tanto en la producción de riqueza material como inmaterial, es inmenso.

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