Por: Uriel Ortiz Soto

Minería: Pueblos en desgracia

Es vergonzoso tener que decirlo, pero, los pueblos con yacimientos mineros en Colombia, se identifican por su extrema pobreza: miseria, enfermedades, hambre, carencia total de servicios públicos, violencia guerrillera, paramilitar y bacrím, son el inventario de tan nefastos y privilegiados recursos, tantas veces estigmatizados por la burocracia oficial, para permitir la explotación en manos de multinacionales, y todo laya de delincuentes.

Es culpa del Gobierno por ser incapaz de posicionarse de tan privilegiados recursos naturales, al carecer de una política de Estado, idónea, que le permita solucionar tanta injusticia social. Parece que pescar en río revuelto da mejores resultados. Por eso, los políticos y mandatarios tanto regionales como municipales donde se encuentran los yacimientos, se hacen los de la vista gorda, para así negociar a su acomodo las regalías que por Ley les corresponden a los Departamentos y Municipios, para obras de infraestructura y desarrollo.

Lo más grave de toda esta problemática social, es que los propietarios de los predios, ven impotentes, cómo se negocian sus recursos naturales, muchas veces con la llamada explotación de cielo abierto, mediante la avalancha de tecnología moderna, que desplaza su limitada mano de obra bajo el nombre de minería artesanal o de barequeo, que para peor desgracia ya fue elevada a delito bajo la denominación de ejercicio de minería ilegal.

El principal argumento para impedir la explotación minera de los propietarios de predios, es que hay que preservar el medio ambiente, y los recursos naturales.- Lo que es indudablemente cierto-, exigencias de las cuales nadie se aparta. Sin embargo, estas normas se contradicen con los títulos mineros expedidos muy a la ligera por el Instituto Nacional de Minas, Ingeominas, en complicidad con la Cámara Colombiana de Minería, que aboga por una actividad: Social, rentable y sostenible, comprometida con la preservación de los recursos naturales y el medio ambiente, puesto que, los pequeños y medianos mineros, no pueden acceder a su explotación por los altos costos.

Si hacemos un recorrido por las diferentes regiones del País, donde existen recursos mineros, nos damos cuenta, que todo, anda manga por hombro. Citemos solamente tres casos en particular:

1º- El Departamento del Chocó: inmensamente rico en recursos mineros: como el oro, el platino, entre otros, sus habitantes viven en la más absoluta miseria y abandono. Sus dirigentes con el Estado a la cabeza han sido incapaces de encausar tan impresionante recurso natural por los adecuados procesos de desarrollo. La corona de la corrupción en el Chocó la lleva la explotación minera en manos de empresas particulares y foráneas. Las regalías en su mayor parte son negociadas a espaldas de sus habitantes por los políticos corruptos que no hay necesidad de identificar puesto que todo el País los conoce.
2º- Marmato, Departamento de Caldas: conocido como el pesebre de oro de Colombia, no obstante sus cinco siglos de explotación, nada se ha avanzado. Marmato es oro y miseria. Está habitado por 8.700 habitantes, que carecen de servicios públicos básicos. Actualmente está explotada por la compañía Canadiense Modoro Resourses. Se calcula que existen 6.6 millones de onzas de oro, pero para poderlas extraer se requiere el traslado del Municipio.
A través de toda su historia Marmato ha sido un municipio de gentes honestas, pacíficas y trabajadoras. Todos los días esperan la buena nueva, para que el Estado, les dé plenas garantías para el goce y disfrute del inmenso recurso natural, que si bien no les corresponde por la naturaleza del subsuelo, por lo menos se les paguen las regalías para salir de tantos problemas sociales que los agobian.
3º- Unión Matoso- Departamento de córdoba: allí se explota la mina de níquel, a cielo abierto. Es la más grande del Continente y la cuarta en el Mundo. Produce 50.000 toneladas anuales. Sus regalías son la piñata de los políticos corruptos a nivel Municipal, Departamental y Nacional. Como consecuencia lógica, sus habitantes además de la miseria y el abandono padecen enfermedades de piel y problemas respiratorios. Su explotación se hace violando todas las normas medioambientales, no obstante, los títulos mineros siempre están a la orden del día, con la complicidad de quienes dicen tener la satén por el mango “para hacer cumplir las disposiciones legales”.

En síntesis, las normas que existen para hacer cumplir la explotación minera de nuestro País, no son más que una farsa, para impedir que los dueños de los predios sobre los cuales existen yacimientos,- que por lo regular son indígenas y campesinos pobres-, reclamen los derechos que por Ley, les corresponde.
La locomotora de la minería no ha arrancado Señor Presidente, por culpa de una serie de formalismos que se inventan los funcionarios de turno, que finalmente se convierten en dádivas con serios nichos de corrupción.

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