Por: Luis Carvajal Basto

Una jugada irresponsable

Develado el misterioso plan de Petro y luego de observar a la ciudad desbordada por las basuras, al alcalde le cuesta reconocer que perdió su apuesta. Pero eso es lo de menos. Queda confirmado que la percepción y el conocimiento de la ciudad, por parte de quien la gobierna, están lejos de la realidad.

Cuando muchos se preguntaban que iba a ocurrir el 19 de diciembre con la recolección de las basuras, era frecuente encontrar una respuesta con sesgo ideológico para un problema de administración. Al final se ha podido observar que el plan del alcalde no funcionó y que, fiel a su estilo, pretende obtener utilidades de una derrota que él mismo fabricó.

A la hora del balance resulta difícil hacer sumas y restas. En el torrente de declaraciones y entrevistas la alcaldía manifiesta que el esquema de aseo “ha sido satisfactorio” (El Espectador, 20/12) al mismo tiempo que reconoce haber dado “marcha atrás” (El Tiempo, 19/12). ¿Cuál será la realidad? Si la gestión pública se tratara de hacer declaraciones o estructurar discursos, las cosas serían de otra manera. Puesto a prueba, el discurso de Petro no fue suficiente para recoger los desechos de la ciudad. La gestión de los gobiernos no se mide por la particular lógica de sus actores tanto como por sus resultados. En este caso se trató de un remiendo mal elaborado y peor ejecutado.

La verdad de fondo es que la administración no pudo estructurar una licitación conforme a reglas y a la decisión reciente de la Corte Constitucional, debiendo recurrir al desorden, convertido en discurso, que hemos observado. Después de la oratoria, del debate mediático y de la jugada del alcalde, seguimos en lo mismo y con los mismos a quienes colocó en la picota pública para luego contratarlos de nuevo, sin una licitación.

¿En realidad el alcalde esperaba que su plan daría resultado y que el servicio sería adecuadamente prestado sin necesidad de dar marcha atrás? ¿Su objetivo era denunciar los sobrecostos, cosa que ya hizo la contraloría? ¿Tendrán razón quienes opinan que utiliza el gobierno de la ciudad para promover una futura candidatura presidencial? ¿O, sencillamente, no conoce de gestión pública ni la dinámica de la ciudad y se encuentra al vaivén de los acontecimientos respondiendo de manera reactiva a lo que se presenta, es decir improvisando y aprendiendo sobre la marcha?

Todo parece indicar que se trata de lo último. Sus vaivenes en los temas de movilidad, con tranvía y sin él, con inmensos recursos de salud y vías sin ejecutar lo ratifican. ¿Se pueden esperar resultados en movilidad si no fue posible que estirara el Transmilenio apenas unas cuadras para que llegara al aeropuerto a pesar de contar con recursos apropiados por la Nación? La cortina de humo de las basuras no puede ocultar el estancamiento y parálisis de la ciudad. Es, por el contario, una expresión y un síntoma de ella.

A un año de su posesión el alcalde no puede responder a las expectativas ciudadanas con denuncias que le fueron útiles en su condición de candidato. Qué existen intereses encontrados en la gestión de los gobiernos no es, propiamente, una novedad sino una de sus características, lo que la diferencia, entre otras cosas, de la administración privada; Qué los empresarios buscan obtener utilidades, tampoco. Es uno de los objetivos de las empresas; Qué las decisiones de gobierno deben ejecutarse conforme a reglas, menos. La administración pareciera encontrarse “descubriendo” el escenario en que transcurre el gobierno. El tiempo pasa y, al iniciar su segundo año de mandato, un gobernante no puede persistir en responsabilizar a los demás de su propia incapacidad.

@herejesyluis

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