Por: Roberto Esguerra Gutiérrez

Otro año perdido

Con pesar hay que admitir que el 2012 también fue un año perdido para la esperanza de contar con un sistema de salud en el que los colombianos confíen por su transparencia y sencillez y porque les soluciona sus principales problemas de salud.

Al tratar de encontrar las cosas que se pudieran destacar como positivas en este año que termina, me encontré ante la dificultad para encontrar alguna, por lo que tuve que recurrir a amigos del sector y concluir que infortunadamente era muy poco lo de destacar. Tal vez se salva la ley recientemente aprobada, relacionada con las cuentas maestras, que constituye un salvavidas para los hospitales, porque aliviará en algo la cartera, pero que de ninguna manera constituye una solución de fondo. Por el contrario, durante el año la cartera hospitalaria mostró tendencia a aumentar, en lugar de disminuir, y muchas instituciones continúan al filo del precipicio.

Tres ministros desfilaron por el despacho del ministro de Salud, cada uno con su propia visión y sus propios planes, lo que dificultó la interacción con los actores del sector y a la larga llevó a contribuir con la falta de una acción efectiva. Algo parecido en la Superintendencia de Salud, que también vio desfilar tres funcionarios por el despacho del superintendente y que sigue con una deuda ante la Nación, en cuanto a las medidas que controlen la corrupción que ha minado los recursos de la salud y en acciones contra sus autores.

Los usuarios siguen sufriendo el viacrucis que todos conocemos, encontrando negaciones, rechazos y puertas cerradas, que los obliga a acudir desesperados a la tutela, que durante el año y especialmente a partir del mes de julio se incrementó de manera importante, hasta el punto que el defensor del Pueblo afirma que durante el 2012 cada dos minutos se instauró una tutela por temas de salud. Nadie puede afirmar que ese es un buen síntoma, por el contrario demuestra que ahí sigue el problema intacto para la gente y que no podemos estar tranquilos.

Los cambios incluidos en la reforma tributaria y en algunas otras medidas parecen estar encaminadas en la dirección correcta, para buscar una solución a los problemas financieros, pero hay que insistir en que los principales problemas del sistema de salud son su modelo y la corrupción que no parece estar controlada y que lo desangra sin compasión.

Para completar, el broche de oro para el cierre del año del sector estuvo por cuenta del caótico alcalde de Bogotá, que tercamente desoyó todas las voces que advertían el riesgo de manejar el tema de las basuras como lo proponía y colocó a los millones de habitantes de la ciudad ante el peligro de una emergencia sanitaria que no tendría que haber ocurrido, ¡pero así es el personaje!

Puede ser que el año que comienza sí sea el de la salud y que se tomen las medidas estructurales que permitan llegar al nuevo sistema que todos esperamos. En manos del Gobierno, del Congreso y del sector está llegar a una solución por encima de paradigmas que debíamos haber superado desde hace tiempo.

Finalmente, la esperanza de que las empresas de medicina prepagada trasladen a los usuarios la disminución del IVA, que lograron incluir en la reforma tributaria. No tendría presentación que la gente termine pagando lo mismo que el año pasado más un incremento y que el esfuerzo del Estado favorezca a unas pocas empresas y no a los miles de usuarios del sistema. Por el contrario, deben entender que ésta es la oportunidad, para que con un costo menor más personas puedan acceder al prepago para suplir las carencias del sistema.

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