Por: Cartas de los lectores

¡Será poner la otra mejilla!

A llorar y llorar. Ante este enorme desaliento causado por el ridículo ajuste salarial del 4,02% decretado por el Gobierno ante la falta de consenso entre sindicatos y empresarios.

Esto es verdaderamente una inocentada para el pueblo colombiano trabajador; ¿sería esto lo justo? No, creo que no, la pelea no la dieron: la CUT y CGT que sus representantes sí se encuentran, por supuesto, muy bien remunerados, sería posible pensar hasta dónde llega el límite de honestidad para con el necesitado trabajador que se ve obligado a este pichurrio salario mínimo. Da grima ver al señor ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas Santamaría, en los medios dando a conocer lo “logrado con tanto sacrificio”. Este magnífico gran aumento ¡qué berraquera!, ¡qué vergüenza por Dios! Aunque esto ya lo presentíamos, pero también es de esperar que el presidente Santos se manifieste con su frase memorable de un alza de un 6%, como lo hizo el año anterior con este mismo problema. Son más o menos unos $34.000 mensuales. Dios quiera lo ilumine y lo lleve a tomar esta tan apreciable, justa y salomónica determinación. Creo que los líderes sindicales son culpables, que no tuvieron en cuenta que para 2012 el aumento fue de 5,8%, ¿qué pasa señores conciliadores? Pensemos en la equidad y la igualdad. Para terminar quiero recordar al escritor Álvaro Salom Becerra, en su libro Al pueblo nunca le toca, donde se nos enseñan los sufrimientos de las clases populares que no tienen capacidad económica, cultural, social y menos ayuda política. Este fue también el eslogan que utilizó Alfonso López Michelsen en su campaña política con el MRL.

Diego Serrano Acevedo.
Bucaramanga.

Salario mínimo

Pensaba que los únicos héroes de la patria eran los soldados, pero me di cuenta de que los millones de colombianos que logran sobrevivir con un salario mínimo son los verdaderos héroes de Colombia. A todos ellos mi solidaridad por vivir en uno de los países más desiguales e inequitativos del mundo.


Carlos Andrés Hernández Franco. Bogotá.

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