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Umberto Eco 5 Ene 2013 - 11:00 pm

Baile en torno a la muerte

Umberto Eco

Magazine Littéraire, una revista mensual francesa, consagró su número de octubre a un solo tema: cómo trata la literatura el tópico de la muerte. La leí con interés, pero a fin de cuentas resulté decepcionado. Algunos de los artículos quizá hayan tocado ideas con las que todavía no estaba familiarizado, pero al final simplemente reiteraban un argumento bien conocido: que, además de abordar la idea del amor, la literatura siempre ha manejado el concepto de la muerte. Los artículos señalaban la presencia de la muerte tanto en la narrativa del siglo pasado como en la literatura gótica prerromántica, pero también hubieran podido mencionar la mitología griega —quizá la muerte de Héctor y el duelo de Andrómaca— o los sufrimientos de los mártires en muchos textos medievales. Por no hablar del hecho de que la historia de la filosofía empieza con la premisa del más fundamental de los silogismos: “Todos los hombres son mortales”.

Por: Umberto Eco
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Quizá el problema esté arraigado en el hecho de que ahora se leen menos libros que en generaciones pasadas. Pero, sea cual fuere la causa, hemos perdido la capacidad de aceptar la muerte. La religión, la mitología y los rituales antiguos hacían a la muerte, si no menos temible, al menos sí más familiar para nosotros. A través de las celebraciones fúnebres, los gemidos de los dolientes y la gran misa de réquiem nos íbamos acostumbrando a la muerte. Nos preparaban para ella con sermones sobre el infierno e incluso de niño me alentaban a leer porciones del Compañero de la juventud, que abordaba el tema de la muerte.

Ese texto, un manual de oraciones editado por el sacerdote del siglo XIX, Don Bosco, era un recordatorio de que no sabíamos dónde ni cómo iba a venir la muerte por nosotros: en nuestra cama, en el trabajo, en la calle, con un aneurisma roto, una fiebre, un terremoto o algo por completo diferente. En ese momento sentiremos que se nos nubla la cabeza, nos dolerán los ojos, tendremos la lengua reseca, la mandíbula caída, el pecho pesado, la sangre congelada, la carne consumida, el corazón atravesado. De ahí la necesidad de practicar lo que Don Bosco llamaba el ejercicio para una muerte feliz:

“Cuando los pies inmóviles me digan que está por cesar mi carrera en esta vida ... Cuando las manos, temblorosas y embotadas ya no puedan aferrarse a ti, oh, mi buen Crucifijo, y a pesar de mí mismo te deje caer en el lecho de mi agonía ... Cuando tenga la vista turbia y consternada por el horror de la muerte inminente ... Cuando las pálidas y cenicientas mejillas causen compasión y terror a los espectadores, y el pelo, húmedo y erizado con el sudor de la muerte, anuncie la proximidad de mi fin ... Cuando la imaginación, agitada por los horrendos y terribles fantasmas, se hunda en desdichas mortales ... Cuando haya perdido el uso de todos los sentidos ... Jesús misericordioso, apiádate de mí”.

Esto es sadismo puro, podríamos decir. Pero, ¿qué les enseñamos a nuestros contemporáneos hoy en día? Que la muerte ocurre lejos de nosotros en los hospitales, que los dolientes no tienen necesariamente que acompañar al ataúd al cementerio, que ya no vemos a la muerte. O, más bien, que la vemos continuamente: personas golpeadas, baleadas o despedazadas en explosiones; hundidas en el fondo del río con los pies envueltos en concreto; tiradas sin vida en la acera, con la cabeza rodando en la cuneta. Pero esos no son ni prójimos ni queridos: son actores.

La muerte es un espectáculo; por supuesto en el cine y la televisión, pero también en la vida real. Devoramos las noticias de los medios sobre la muchacha que fue violada y asesinada, o sobre las víctimas de un asesino serial. No vemos los cuerpos torturados, pues eso nos recordaría a la muerte en sí. Más bien vemos a los amigos llorosos que llevan flores a la escena del crimen u organizan una vigilia a la luz de las velas. O, mucho más sádico, vemos a los reporteros que tocan a la puerta de una madre en duelo para preguntarle qué sintió al enterarse del asesinato de su hija. La muerte en sí se muestra sólo de manera indirecta, a través del dolor de los amigos y los padres, lo que nos afecta menos visceralmente.

La muerte ha desaparecido en gran medida de nuestro horizonte de experiencia inmediato. El resultado es que habrá más gente aterrada cuando llegue el momento de enfrentarse al evento que ha sido nuestro destino desde el nacimiento. Un destino que los hombres sabios dedican toda su vida a aceptar.

 

  • Umberto Eco | Elespectador.com

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raulito456

Dom, 03/03/2013 - 13:57
La muerte, poema o ficción de una historia de vida una realidad eterna, es una realidad y hay que ser de vivencias de muertes en este pais y del mundo donde una noticia por lo menos se habla de ella.
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santisalse

Dom, 02/17/2013 - 07:09
Maravilloso, impresionante la capacidad de transportarme a un evento que segun Yó, se Encontraba muy lejos de mi vida, pero eso es por que me he criado con los contemporáneos que le huyen a esta realidad... Me encanto...
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Anonimous wikileaks

Dom, 02/03/2013 - 12:57
O más sadico, un expresidente mostrando las fotos de dos policias muertos por twitter. y algunos apoyando el sadico le dan las gracias.
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Adolfo Arrieta

Mar, 01/29/2013 - 11:12
"La vida es una enfermedad mortal", proclama el cínico. Pero no tiene caso, tampoco, vivir consciente en todo momento de la muerte. Todo final debe ser un referente futuro. Mientras vivamos no tiene sentido hacer de la muerte el eje de la vida. Por eso tiene razón nuestra forma colectiva de ver la muerte, y no la tiene Eco al criticarla: mientras no nos toque, es mejor leerla en tercera persona.
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Boyancio

Mar, 01/08/2013 - 04:18
Eso se llama, por acá en mi tierra, escribir cosas tenebrosas a lo bien sabrosas, pues no hay cosa más elegante que escribir sobre la muerte cuando el protagonista es otro y el muerto ...al hoyo. ¿Pa dónde más? Por eso, yo que tengo la señora de la parca muy cerca de mi hamaca, le digo que no sea maca, que se deje de estar perdiendo el tiempo conmigo, pues, como es sabido: ¡soy inmortal! y además, muy mamador de gallo.
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nukanchy

Dom, 01/06/2013 - 15:27
La muerte es el motor de la existencia, si uno tiene que aguantarsela cualquier otra dificultad en la vida carece de sentido
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Joenace

Dom, 01/06/2013 - 10:16
Pero . . . ¿ Cómo no ? Si todos los días viendo los ciento y pico de canales de televisión nos relacionamos con más de cincuenta muertos como mínimo, es lógico que hay una pauperización de las costumbres y un "anesteciamiento" respecto del problema que usted ventila.
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Juaco G. Hoyos

Dom, 01/06/2013 - 19:29
Y Umberto Eco lo menciona, pero comenta, palabras más palabras menos, que esas muertes violentas de las que nos informamos cotidianamente no nos afectan ni nos conmueven, pues le ocurren al otro, se nos presentan casi como una ficción que ocurren allá en lugares remotos y los muertos son unos desconocidos, casi irreales.
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chococruz

Dom, 01/06/2013 - 08:24
Hoy la muerte es un negocio como la vida tambien lo és, y pagamos para que nos quiten de las manos esas responsabilidades. Empezamos con cualquier cosa y ahora es todo, trabajamos y vivimos para obtener y no para ser.
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Boyancio

Mar, 01/08/2013 - 04:22
Es negocio, mi estimado Chocruz, desde los tiempos de los faraones en el Antiguo Egipto, pues el cuento que se inventaron que había otra vida movía toda la economía. Imagínese usted las personas que trabajaban los las empresas funerarias embalsamando, no joda que les decían por la calle<. " lava muerto"
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chiqueomocha

Dom, 01/06/2013 - 08:15
Es raro el tema de Eco. Pero por no por lo raro pertiente, debido precisamente al alejamiento en que se le tiene. El mal trato dado a este tema forma parte de nuestra mala vida. Una persona razonablemente cuerda no esperaría hasta la última agonía para desprenderse de la vida. Por consiguiente existe un "no sé qué" instintivo mas fuerte que la razón que nos lleva a aceptar en promedio setenta años de padecimientos hasta la agonía final. Si la fuerza de la razón superara la fuerza del instinto, seguramente la humanidad sería otra, porque repito, razonablemente no vale la pena. Esto nos trae como consecuencia aceptar que el ser humano vive no por ser racional sino por irracional. Pero su irracionalidad llega a tal extremo que se vale de la razón para acrecentarse y en esta forma doler más...
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virruaco

Dom, 01/06/2013 - 07:56
Pero Uribe sigue ahí tranquilo(?) en su "campus" cuartelillo pensando en como continuar fabricando maldades para nuestro pueblo junto a sus secuaces ratas del mismo nido. Ahí está el tal procurador - será su mente como la de los procuradores de aquellos tiempos romanos? - señor del averno y de las sabanas de satin poposeadas. Este año es su "sambiloque" y lo podremos observar salir del closed como cuando la luna sale de su oscuridad eclipsal y se cree, como el Ordoñez - que ella al anteponerse entre la tierra y el astro sol pudo más que la realidad y la verdad. Ahí también veremos en la cola a sus componedores. Al tal presidente del senado con su procaz rostro de pedofilo triste en espera de su Tazio. Ellos serán parte de la comparsa y desmadre saturnal que nos espera este año gay.
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Sky_Voyager

Dom, 01/06/2013 - 01:12
... Escalofriamente real ... Hemos de dar cuentas al Creador ... Que hacemos bueno cada dia para que en ese momento tengamos más fortaleza y paz espiritual ?
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leinadsajor

Dom, 01/06/2013 - 12:31
¿Y los agnósticos?
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digoall

Dom, 01/06/2013 - 11:55
Supongo que una buena manera de saberse paliar el momento de la muerte es creer en algún ser superior, en un "creador" que lo recibirá a uno cuando muera. Esa es la mejor parte de ser ignorante a voluntad, porque para nosotros que no creemos sino en la absoluta Nada después de la muerte, ese momento será el fin del fin. Me encantaría que fuera posible saber cuál de los dos experimenta más terror frente al momento inminente, si la visión de la muerte finalmente nos llega igual, o si la fe o si un ateísmo de natural lógica nos sirve a cada cual para pasar menos o más terroríficamente el momento. Lo cierto, por ahora, es que a los dos nos llega.
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Exiliado

Dom, 01/06/2013 - 11:32
Si no hay ningún creador, entonces debemos procurar con más ánimo estar bien con los demas humanos, mientras estemos aquí.
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leinadsajor

Dom, 01/06/2013 - 08:36
¿Y si no hay ningún Creador?
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