El Estado Rehén

El abismo fiscal en los Estados Unidos y la crisis en Europa identifican la principal amenaza contra el Estado en 2013.

El 31 de diciembre un mundo asustado de verdad, estaba más pendiente del acuerdo en el congreso norteamericano que de la llegada de los reyes magos o cualquier otra noticia. La expectativa lanzó las bolsas a la baja y el acuerdo solo sirvió para aplazar, hasta marzo, la negociación acerca de la capacidad del gobierno para endeudarse, cumplir sus compromisos y funcionar, más allá del techo establecido de la deuda pública.

El asunto, en apariencia, tiene que ver con recursos o impuestos insuficientes o gastos excesivos. La posición republicana de recortar gastos, saliendo de una recesión o aun en ella, se sitúa claramente en contravía de la receta Keynesiana probada desde la crisis del 30, según la cual el gasto público conduce a la economía a un nuevo equilibrio cerrando la brecha recesiva. Para los republicanos y la “derecha” europea, el aumento de impuestos, que permite nivelar los gastos del gobierno, genera desempleo.

Pero, en realidad, esa es una discusión incompleta en cuanto se refiere, en primer lugar, a soluciones para la economía de un país en un mundo globalizado y después, deja de lado la naturaleza política y social de la función estatal.

Es verdad que con la posibilidad de hacer inversiones en cualquier parte del mundo, debido a la libre movilidad de capitales, si algún país aumenta excesivamente sus impuestos, en igualdad de otras condiciones como tasas de ganancia o riesgo, la inversión se desplazará hacia otras latitudes y con ella la dinámica de la economía y los empleos. No está probado, sin embargo, que la sola reducción de impuestos se convierta en garantía de competitividad. Es el dilema en Estados Unidos y en Europa.

Por otra parte, las sociedades no funcionan sin Estado. Las empresas tampoco. El interés particular es el fundamento de la sociedad contemporánea pero sin la prevalencia del interés general y un Estado que garantice el cumplimiento de unas reglas nos “devoramos” o entramos en caos. En teoría los mercados se regulan solos; en la práctica, para poner un ejemplo, pueden demorarse mucho y, en el entretanto, ¿Nos sentamos a observar?

Pero, siguiendo con la teoría, incluso para los fundadores de la economía clásica valían excepciones para el libre mercado. Ya David Ricardo en el siglo 19 explicaba que “industria incipiente” y” seguridad Nacional” las ameritaban. ¿No son estos dos casos aplicables a lo que está ocurriendo en los Estados Unidos en las puertas, otra vez, del abismo fiscal?

Lo que vivimos es la paradoja de un mundo globalizado y los límites del Estado Nación. Si bien la política y los presupuestos públicos mantienen un ámbito nacional no ocurre lo mismo con la economía y los mercados. Mientras nos ajustamos a esa realidad el mundo debe funcionar. El techo fiscal, incorporado a las legislaciones en muchos países, entre ellos Colombia, que ha reducido su déficit fiscal, es una manera teóricamente “racional” de solucionarla que ya ha demostrado su ineficiencia al amarrar las manos al Estado en momentos de gran dificultad, como la crisis que arrastramos desde 2008, en los cuales se requiere su intervención.

Si el techo fiscal es una trampa, con otra trampa podremos salir de ella, han dicho economistas de la talla de Paul Krugman, al justificar la emisión de una moneda de platino que le permita al gobierno endeudarse.(Ver http://www.nytimes.com/2013/01/11/opinion/krugman-coins-against-crazies....). Pero la democracia no puede funcionar a punta de triquiñuelas ni remiendos. Obama, recién elegido, debe tener la capacidad de iniciar una reforma de fondo que sirva como modelo a un mundo confundido.

Porque de no hacerlo, no solo él y su gobierno seguirán siendo rehenes de la politiquería. El Estado, en todas partes, dejará de cumplir su función y quedaremos en manos de un interés particular indispensable pero incapaz de mantener la convivencia y el progreso que garantizan, incluso, su propia existencia.

@herejesyluis

Posdata: Un buen ejemplo del papel del Estado y la defensa del interés general lo está dando la Directora de Parques nacionales al impedir la destrucción de bosque en el Tayrona que pretenden algunos inversionistas hoteleros. El Tayrona, como el páramo de Santurban fuente hídrica fundamental, es patrimonio de todos los colombianos y no deben ser negociables. Esta fotografía, http://www.flickr.com/photos/92096275@N02/8370743518/in/photostream ,fue tomada en el Tayrona hace pocos días. Está, todavía, en nuestras manos que sobreviva.

 

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