Por: Santiago Montenegro

Guillermo Hoyos

Tuve el privilegio de interactuar y de recibir consejos intelectuales de Guillermo Hoyos en la última etapa de su vida y desde cuando me orientó sobre la teoría de la ley y la democracia de Jürgen Habermas.

En Colombia, y quizá en América Latina, nadie conoció mejor que Guillermo Hoyos el pensamiento de este pensador alemán. Mi interés en Habermas estaba —y está— motivado por el desplazamiento que en Colombia ha sufrido la ley como fuente primordial del derecho. Sigo pensando que dicho desplazamiento se puede convertir en un serio problema de nuestro país. Con una generosidad sin par, Guillermo Hoyos me dedicó tiempo y me dio una lista de lecturas con varios escritos suyos y, por su puesto, me introdujo a Facticidad y validez, la obra donde Habermas desarrolla su gran teoría de la ley y la democracia. Las lecturas de Habermas confirmaron mis dudas y mis alarmas. Porque, para Habermas, la ley no puede reducirse a una legalidad o a un mero hecho social, sino que debe tener legitimidad. No debemos tratarla y obedecerla como objeto instrumental, sino por respeto a la legitimidad que de ella emana. Pero, dicha legitimidad, argumenta Habermas, sólo se logra cuando todas las personas que puedan ser afectadas por un proyecto de ley puedan participar en su elaboración con discursos e intervenciones racionales, es decir, que sean sinceros, incluyentes, equitativos, en una deliberación en donde el mejor argumento gane. Así, la calidad de la ley y de la democracia depende de la existencia de un proceso verdadero de deliberación pública. Naturalmente, la calidad de la ley y de la democracia se puede ver amenazada cuando, por las razones que sean, el Congreso no funciona adecuadamente, pero también cuando la ley es reemplazada por la jurisprudencia como fuente primordial del derecho, por más eminentes y bien intencionados que sean los jueces que la producen.

Al haber difundido el pensamiento de Habermas entre nosotros, Guillermo Hoyos también abrió las puertas para el reencuentro con la democracia y el pensamiento liberal de quienes habían depositado su fe y sus esfuerzos en el marxismo. Porque Habermas realizó una critica demoledora a sus maestros de la Escuela de Fráncfort, Max Horkheimer y Theodor Adorno, quienes siempre analizaron la modernidad y el capitalismo como una totalidad en donde la razón, que la concibieron como de tipo instrumental, conduce al progreso, pero, según ellos, el progreso trae manipulación y dominación y, por lo tanto, esclavitud. En términos generales, Habermas responde que la razón, además de instrumental, puede ser también comunicativa y, por lo tanto, puede también ser una fuerza emancipadora. Pero, además, les cuestionó que, si la razón es igual a dominación, ¿cómo explicaban ellos —Horkheimer y Adorno— que sus propios argumentos podían ser un tipo de razón que escapaba a la dominación?

Como Habermas, me atrevo a decir que Guillermo Hoyos también tuvo un recorrido intelectual que lo condujo a un encuentro con el pensamiento liberal, aceptando que la modernidad y el capitalismo pueden traer, no sólo progreso material, sino también progreso legal y moral. Pero, por supuesto, dicho progreso no está garantizado y en cualquier momento puede haber reversiones y amenazas a la democracia. Guillermo Hoyos nos enseñó que la razón comunicativa, la deliberación pública, la tolerancia y el diálogo son, no sólo las mejores actitudes y comportamientos para el desarrollo social y político, sino los que más ha necesitado Colombia en su historia reciente.

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