Por: Roberto Esguerra Gutiérrez

Otra vez las armas

Hechos recientes hacen necesario volver sobre el tema de las armas. La dolorosa muerte de una niña por una bala perdida cuando esperaba con su familia el inicio del año en Medellín, mientras hoy todavía su asesino sigue campante, y la terrible masacre de 20 niños y seis adultos en una escuela de los Estados Unidos, tienen características diferentes, pero el mismo resultado: personas inocentes asesinadas con armas de fuego.

En Colombia, según datos oficiales, murieron 57 personas por balas perdidas, que hacen parte de los cerca de dieciséis mil homicidios al año que ocurren en nuestro país. Personas inocentes, la mayoría de las veces niños, han sido las víctimas de la balas perdidas, que no son otra cosa que el producto de armas de fuego en manos de seres irresponsables que actúan como animales y para demostrar su alegría, o simplemente para alardear, lanzan tiros al aire sin importar las consecuencias: asesinos miserables. En los Estados Unidos el fenómeno tiene perfiles diferentes, pues generalmente son enfermos mentales quienes han causado las tragedias, disparando indiscriminadamente contra gente inocente y casi siempre cayendo abatidos por las balas de la policía.

Dos de las más prestigiosas revistas médicas, Annals of Internal Medicine y New England Journal of Medicine, en su primer número del año analizan el problema desde varios puntos de vista, haciendo énfasis en que se trata de un problema de salud pública, pues, en el caso de los niños asesinados en Estados Unidos, cada año son más del doble que los muertos por cáncer, cinco veces más que los muertos por enfermedades cardíacas y quince veces más que los muertos por infecciones. Las dos revistas invitan a una actitud más decidida del cuerpo médico para impulsar acciones encaminadas a prevenir y controlar este fenómeno.

Si bien la prohibición al porte de armas es apenas una de las medidas, su efectividad es incuestionable y el buen resultado que ha arrojado en Bogotá debería ser argumento suficiente para adoptarla de manera indefinida y extenderla a todo el país. Las armas no son un juguete; quien porta armas es un asesino en potencia; la gente buena no necesita armas, porque está contra su esencia la posibilidad de lesionar o matar a otro ser humano.

Naturalmente se requieren muchas otras acciones complementarias. Algunas voces reclaman el control a los videojuegos violentos, aduciendo el peligro de que niños y jóvenes se habitúen al uso de armas y queden vulnerables para traspasar el umbral entre la ficción y la realidad. Los sistemas de salud deben jugar un papel primordial en la detección de enfermos mentales potencialmente peligrosos, para tratarlos y readaptarlos. La sociedad en general debe generar valores muy fuertes en favor de la convivencia, la paz y la tolerancia. Una sociedad sin armas encontrará más fácilmente la paz.

Una mala experiencia: Por años hemos estado orgullosos de cómo funcionaba la oficina de expedición de pasaportes. Pues bien, quienes en las últimas semanas del año pasado y en el comienzo de este 2013 hemos tenido que tramitar el pasaporte, nos hemos encontrado con la triste sorpresa de ver colas interminables, gente sentada en el suelo y en los andenes, esperando a pleno rayo del sol en las afueras de la oficina de la calle 98, mientras adentro el panorama era de una oficina atiborrada de gente esperando por horas. Hasta hace poco supe de experiencias que avalaban la buena impresión que todos teníamos, sin embargo, lo vivido estos días demostró lo contrario. Constaté la preocupación de funcionarios de la Cancillería por la situación y ojalá puedan corregirla, pues de lo contrario habremos perdido una isla ejemplar dentro de los despachos públicos.

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