Por: Catalina Ruiz-Navarro

Remedios

Hace unos días Liliana Castillo raptó a la hija de Katerín Gallego. Liliana engañó a la niña de 14 años en un restaurante del sur de Bogotá, ofreciéndose a amamantar a la bebé de 20 días de nacida, ya que la joven madre no tenía leche.

Liliana quería hacer pasar la bebé por su hija y su caso desesperado es el de muchas mujeres para quienes la única manera de legitimarse en la sociedad es siendo madres; pues no encuentran otros roles posibles y el de la madre viene, además, con un aura intocable y un discurso que la idealiza. Ese contexto machista, aunque explica el comportamiento de Liliana, no lo justifica, y por eso sorprende que la mujer esté en libertad; al parecer, para el Juzgado 31 Penal Municipal Liliana no es un peligro para la sociedad.

Habría que preguntarse también por el padre de la bebé, John Franco, cuyo nombre a duras penas se ha mencionado y que sólo fue denunciado después de que estalló el escándalo, aun cuando es evidente que si la madre tiene 14 años debió quedar embarazada a los 13, y toda relación sexual entre un adulto y un menor de 14 en Colombia está tipificada como violación. Según el DANE, entre los años 2006 y 2008 nacieron 19.662 niños hijos de madres cuyas edades están entre los 10 y 14 años. La Fundación Antonio Restrepo Barco señala que las denuncias, en cambio, apenas superan las 9.000, lo que nos da un estimado de 10.000 casos no denunciados. En Bogotá, según la Secretaría Distrital de Salud, entre 2007 y 2009 el número de partos de niñas pasó de 526 a 569, casi todos, en las localidades de Bosa, Engativá y Ciudad Bolívar.

Las cifras son aterradoras, pero ver a una menor embarazada en la mayoría de los casos no produce ni sorpresa. Muchos dirán que son niñas seductoras, Lolitas sobredesarrolladas que saben lo que hacen. La verdad es que es dudoso que alguien tan joven tenga suficientes elementos para tomar una decisión independiente y que la influencia del adulto es un claro desequilibrio de poder. Aun así, este delito en Colombia está casi que naturalizado. Sin ir más lejos, en la obra más popular y representativa de la literatura colombiana, Cien años de soledad, el protagonista se casa con una menor de un poco más de nueve años. A Remedios Moscote “le llegó la pubertad antes de superar los hábitos de la infancia”, y por eso, muy niña, quedó embarazada. Así fue como “la pequeña Remedios despertó a medianoche empapada en un caldo caliente que explotó en sus entrañas con una especie de eructo desgarrador, y murió tres días después envenenada por su propia sangre con un par de gemelos atravesados en el vientre”.

Tantas niñas abusadas y tantas mujeres desesperadas por ser madres hablan de un drama social cuyo verdadero remedio es la educación sexual masiva, ordenada entre otras cosas en la Sentencia T 388/09, pero bloqueada por la Procuraduría hasta el año pasado. Aun así, no basta con cumplir la norma; quizá lo más importante es que estos programas sean serios, es decir, que vayan más allá de explicar cómo usar anticonceptivos, que eduquen a los varones para que la carga no quede toda en las niñas y que presenten la maternidad como un proyecto que forma parte de la vida y no la única manera de ser mujer.

 

 

 

 

 

 

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