Por: Andrés Hoyos

'Alea jacta est'

Sí, la suerte está echada en la política colombiana.

Todo dependerá de lo que pase en La Habana, pero si presumimos que los negociadores del Gobierno representan de forma sólida al Establecimiento del país y no cometerán locuras, lo que de allí salga dependerá en últimas de las Farc. ¿Se siente usted nervioso con esta perspectiva, estimado lector? Yo también. Porque uno no sabe si esta gente entiende o no lo que está en juego. Piden, por ejemplo, una asamblea constituyente, sin percatarse de que para que tal engendro se haga realidad es preciso elegir delegados por voto popular y que es casi seguro que éstos se ubicarían, por ahí en un 70%, a la derecha de la Constitución de 1991. El propio uribismo multiplicaría mínimo por diez los delegados que obtengan los movimientos cercanos a las Farc. O sea que convocar una constituyente es una solemne burrada.

Cruzado el Rubicón, algo queda claro: si el proceso de paz fracasa, las probabilidades de que la derecha uribista vuelva al poder son altísimas. Esta derecha ya se organizó con claridad, y yo creo que piensan con el deseo y de forma torcida quienes suponen que el Gobierno va a descarrilarla poniendo a su paso trampas institucionales.

Un primer factor a tener en cuenta es la lista cerrada al Senado que encabezará Uribe. De darse la paz, dicha lista sacaría de todos modos entre 12 y 20 senadores; si no se da, podría llegar a 30. En cuanto al candidato presidencial de la derecha, digamos José Félix Lafaurie, su fuerza dependerá del proceso de paz. Cuajado éste, el candidato se hundiría casi con seguridad. Si en cambio terminamos con un proceso de paz burlado, el candidato más fuerte de la derecha se encumbraría en par patadas, como le pasó a Uribe en 2002, y le ganaría de forma contundente a Santos o a cualquier otro que pase a la segunda vuelta. Gústenos o no, tampoco quedan alternativas, pues si las Farc se burlan otra vez del país, la mano dura se volvería inevitable. La primera víctima en este escenario sería la reforma agraria que se discute.

Las perspectivas del centro y de la izquierda en 2014 están asimismo ancladas al proceso de paz, pese a que se ven mucho más inciertas que las de la derecha. El santismo (léase el propio presidente o Germán Vargas Lleras) no podría virar con éxito a la derecha en caso de que fracase el proceso de paz, a despecho de lo que piensan algunos. La gente no les creería. En cuanto al Partido Verde, al Polo, al Progresismo e incluso a la Marcha Patriótica, cercana a las Farc, para no hablar de la larga recua de movimientos dispersos que existe en la política colombiana, los desatinos cometidos por sus dirigentes los traen muy mal parados. Aun así les iría más o menos bien si se firma la paz. De lo contrario, muchos tendrían que volver a vivir con los papás.

¿No era Santos un jugador consumado? Pues bien, en este momento participa en la partida de póker más importante de su vida: el proceso de paz. Aunque yo preferiría que la ganara, no sabemos, ni creo que él mismo lo sepa, si tiene un full de ases o un mero par de jotas. Sucede que en la mesa de juego participa también un jugador delirante que bien podría llevar su cañazo hasta el final, arrasando con todo. ¿Comprenderán los jefes de las Farc que en ese caso les esperan tres destinos muy malucos: la muerte en combate, una cárcel para el resto de la vida o una pasada de agache en el extranjero siempre con temor a abrir la puerta? Pronto lo sabremos.

 

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