Por: Roberto Esguerra Gutiérrez

Tendencias muy preocupantes

Para estimar el estado de la salud de una población se han desarrollado indicadores, algunos de los cuales son aceptados universalmente por ser los que miden los aspectos más sensibles y de mayor impacto en la salud pública.

En nuestro país hay fuentes diversas de estos indicadores, que emplean diferentes metodologías, por lo que si se quiere tener una idea de la evolución de la salud en Colombia, hay que acudir a fuentes confiables. El análisis de esos indicadores y su evolución en los últimos años no es para nada alentador, por el contrario, varios de ellos muestran tendencias muy preocupantes.

La mortalidad materna es un indicador centinela y su reducción uno de los objetivos del milenio; adicionalmente, muchas de esas muertes son evitables. Según el sistema de vigilancia del Instituto Nacional de Salud en su informe preliminar sobre 2012, en el año murieron 536 madres por el parto, los datos de los años anteriores evidencian un retroceso: 2009: 444, 2010: 403, 2011: 495. Por eso el Ministerio de Salud el año pasado declaró este como uno de los “intolerables en salud”.

Otro de esos “intolerables” es el número de niños que nacen con sífilis, que viene aumentando sin pausa y desde el año 2000 hasta 2011 casi se triplicó, pues pasó de 1,26 por mil nacidos vivos a 3,33. El porcentaje de niños que nace con bajo peso también ha aumentado en los últimos años, ya que pasó de 7,03% en 1999 a 9,17% en 2011, según el DANE.

No hay buenas noticias en otros frentes, como el embarazo en adolescentes, la mortalidad por hipertensión arterial y el tratamiento del VIH sida. No sobra recordar que el país no ha logrado alcanzar y mantener las metas que se propuso en vacunación infantil, la medida preventiva más efectiva que se conoce hasta ahora en salud. Tampoco hemos tenido éxito en la prevención de riesgos como el sobrepeso y la obesidad, relacionados con dos grandes enemigos de la salud, la diabetes y la hipertensión. Según la encuesta Ensin, entre 2005 y 2010 la prevalencia de obesidad en personas de 16 a 64 años pasó de 13,7% a 16,5%, la de sobrepeso de 32,3% a 34,6% y la de exceso de peso de 46% a 51,2%. Mientras tanto, como si fuera poco, todavía tenemos un 13,2% de desnutrición infantil.

Naturalmente hay algunos indicadores que van bien, desafortunadamente muy pocos. El principal para destacar es la mortalidad infantil, que Colombia viene reduciendo de manera sostenida desde mediados del siglo pasado; según la Organización Panamericana de la Salud, en 2009 estábamos en 20,1 por mil nacidos vivos, pero en la región todavía nos superan muchos países, entre ellos Argentina, Chile, Paraguay, Uruguay, Panamá, Perú, Venezuela y Costa Rica. También es positiva la reducción de la mortalidad por enfermedad diarreica aguda y la importante disminución de homicidios ocurrida a partir de 2002, especialmente notoria en Bogotá en los últimos años.

Los números son contundentes y demuestran que la salud de los colombianos no ha mejorado como debiera, teniendo en cuenta el esfuerzo y la magnitud de recursos que el país invierte, como lo han venido advirtiendo desde hace tiempo importantes centros académicos y de investigación como la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Antioquia.

Por eso debe celebrarse que por fin el Gobierno haya anunciado que habrá un nuevo modelo de salud, que no debe quedarse únicamente en corregir los temas financieros del sistema de seguridad social, sino que debe ir al verdadero fondo del problema para que pasemos de este modelo centrado en la enfermedad a uno centrado en la salud.

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