Opinión |2 Feb 2013 - 11:00 pm

Fernando Araújo Vélez

El Caminante

Iguanas

Por: Fernando Araújo Vélez

Cleto observaba a su patrón por el espejo retrovisor, imperturbable. No decía nada porque no le habían preguntado nada, y esas eran las órdenes. A medio camino de la Calle Larga, el patrón le dijo que hablara con Facundo.

Dígale que le ayude a cargar una canoa repleta de iguanas, todas las iguanas que haya de aquí a Arjona, y muchos huevos, miles. Después se la llevan a la señora Magdalena, pero tiene que ser antes de las tres de la tarde—. Cleto abrió sus saltones ojos negros de mulato y hasta pensó en objetar la orden, pero ya conocía al patrón. Dionisio se rió por dentro.

Tiempo después, entre rones y las mujeres de Bazurto, Cleto contaba que esa mañana no supo a quién maldecir más, si al patrón, a las iguanas o a la señora Magdalena, que las había solicitado para una cena. —Yo lo dejé en la oficina y me fui a mil en el mismo Cadillac pa’ encontrarme con Facundo, pero ya por el camino iba pendiente de cuanta iguana se me atravesara, y como fuera, paraba en mitad de la carretera, me bajaba y al baúl—. Ya después vería cómo limpiar todo, lo importante ahora eran las benditas iguanas. Con el sueldo de la quincena que llevaba encima, Cleto organizó tres batallones de buscaiguanas: uno en Ternera, otro en Turbaco y el último en Arjona. A centavo la iguana, a centavo, gritaba en cada estación al pie del Cadillac, moviendo los billetes. Facundo había reclutado a sus hijos y sobrinos para que buscaran en las orillas del Canal del Dique, y había emparapetado dos canoas con telas de costal para guardar la mercancía. Las iguanas llegaban en sacos, costales, sábanas, baldes, palanganas, hojas de plátano o a mano limpia, en lo que fuera.

Una vez corrida la voz de la cacería, se contaban por docenas los negritos que buscaban y buscaban, y fueron varias las mulas y burras cargadas que arribaron al punto de encuentro. En pocos minutos, el trabajo se había transformado en una fiesta de pueblo donde la música eran los gritos de los niños y los chillidos de iguana. El colorido también corría por cuenta de aquellos animalitos de todos los tamaños y tonalidades que se bamboleaban frenéticos en defensa propia, sin comprender muy bien por qué sin previo aviso les había llegado la hora del juicio final.

  • Fernando Araújo Vélez | Elespectador.com

  • Imprimir
  • Enviar
  • 3
3

Opiniones

Este es un espacio para la construcción de ideas y la generación de opinión.
Este espacio busca crear un foro constructivo de convivencia y reflexión, no un escenario de ataques al pensamiento contrario.

Para opinar en esta nota usted debe ser un usuario registrado.
Regístrese o ingrese aquí

Opciones de visualización de opiniones

Seleccione la forma que prefiera para mostrar las opiniones y haga clic en «Guardar» para activar los cambios.
Opinión por:

Pazjusto

Dom, 02/03/2013 - 13:55
Lagartos, ranas y sapos tambien desaparecen del congreso y de altos cargos públicos, les llego la hora y los tiene en la mira la corte internacional...te dice algo la palabra Chambacu
Opinión por:

Pazjusto

Dom, 02/03/2013 - 13:52
Conocemos otro tipo de animales que abundan en el congreso, puestos públicos de alto nivel, abogados del diablo que tambíen están desapareciendo , hace rato lque los están juzgando en cortes internacionales.
Opinión por:

Alemanita

Dom, 02/03/2013 - 12:28
Pobres iguanas.

Publicidad
Publicidad
Suscripciones El Espectador

Edición impresa

Suscríbase
 
Círculo de experiencias

ACTIVE LA LLAVE DE SUS PRIVILEGIOS

Beneficios para suscriptores

CONÓZCALOS
 
 

El uso de este sitio web implica la aceptación de los Términos y Condiciones de COMUNICAN S.A. Todos los Derechos Reservados D.R.A. Prohibida su reproducción total o parcial,así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved 2013