Por: Antonio Casale

Lo bueno y lo mejorable

Volvió el fútbol profesional. Es alentador ver cómo los equipos que hacen las cosas bien en lo institucional, han obtenido buenos resultados en lo deportivo.

Los últimos cuatro campeones, Nacional, Júnior, Santa Fe y Millonarios, dan fe de eso. Sin embargo, hay otros tantos que insisten en hacer las cosas mal.

Los últimos campeones son cuatro instituciones serias, que manejan sus asuntos como empresas y no como feudos de las épocas en que los humanos eran tratados como esclavos. Están dentro de la ley en cuanto a la manera de contratar a sus empleados, entienden que los futbolistas son el principal activo de un equipo y como tal los tratan.

Alentador también es que este año equipos como Once Caldas y Medellín se hayan convertido en empresas serias, manejadas por gente que, si bien no es experta en fútbol, sí lo es en el manejo de empresas serias.

Sin embargo, es lamentable que ante este panorama, la Dimayor, con el patrocinio de Colfútbol y Coldeportes, continúe alcahueteando a quienes insisten en cometer elusión de la seguridad social, no pagan en orden las primas legales y cesantías, y se dedican a vetar jugadores impidiéndoles su libre derecho al trabajo por el sólo hecho de haber renunciado por justa causa, como es el caso de Juan Caicedo, ex-Quindío, quien en su momento renunció a esa “institución” debido a las situaciones anteriormente expuestas. Ahora, el dueño del equipo, con el patrocinio y directa intervención de la alta dirigencia, le impide que juegue en Uruguay, argumentando que el jugador tiene un contrato vigente con el equipo, cosa que no es cierta.

Alguien debería explicarle al señor del Quindío, y a tantos otros “directivos”, que la mejor manera de invertir en un talento es tratarlo como ser humano. Según ellos, los jugadores actúan como mercenarios, pero hacen oscuros pactos para evitar la piratería en el fútbol; aunque no se percatan de que los piratas son ellos al pedir cientos de millones de pesos a cambio de los derechos de jugadores a quienes ellos les pagaban el sueldo mínimo, muchas veces con retrasos y casi siempre cometiendo elusión e incumpliendo con los parafiscales. Es tiempo de que el fútbol alinee sus reglas con las de la Fifa, para que las buenas maneras de quienes hacen las cosas bien contagien a quienes insisten en hacerlas mal. Cada vez son más los buenos, pero falta.

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