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Eduardo Barajas Sandoval 4 Feb 2013 - 11:00 pm

¿Se acerca el turno de Sisi?

Eduardo Barajas Sandoval

El estancamiento en la búsqueda de un modelo político exige flexibilidad de las partes para que no emerjan los árbitros armados, que devuelven todos los contadores a cero y los dejan allí por largo tiempo.

Por: Eduardo Barajas Sandoval
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A la hora de los procesos políticos decisorios, es preferible conseguir consensos incompletos, para construir sobre ellos, que caer bajo la unanimidad impuesta por quienes todo lo que saben hacer es poner orden a cualquier precio. Más grave que una derrota electoral sería para los contendientes políticos en busca de una consolidación democrática, la aparición de una fuerza que les apartara de sus disputas para silenciarlos a todos a la vez.

El difícil destino de la primavera árabe, con el enfrentamiento político de civiles que no transigen, y que ha producido ya choques que dejan decenas de muertos, hace presagiar que una intervención de los militares podría llegar a ser inminente, con el argumento supremo de defender la integridad del país, a pesar de su reticencia aparente a figurar en la escena.

Las imágenes de enfrentamientos entre manifestantes y la policía en la plaza Simón Bolívar, en El Cairo, que se suman a los incidentes que ocurren al menos en Port Said, Suez e Ismailía, marcan el traspaso de una línea de peligro difícil de revertir. De seguir a ese ritmo el país estaría perdiendo los niveles de armonía precaria que ha podido conseguir desde el momento trascendental del fin del régimen de Hosni Mubarak y, sobre todo, de la llegada de los Hermanos Musulmanes al poder por la vía de las urnas. Algo impensado apenas pocos años atrás.

La estabilidad de Egipto, con creces el país más importante del mundo árabe, no es solamente una responsabilidad interna del gobierno, sino que tiene importantes implicaciones de naturaleza internacional, tanto en el orden estratégico como en el del señalamiento de una ruta para los demás países de la familia árabe y del Medio Oriente. Y el proceso político es particularmente difícil de conducir, en cuanto las presiones sobre el primer presidente elegido democráticamente son incontables, porque los Hermanos Musulmanes, a quienes representa, consideran que su gestión no ha correspondido a sus expectativas, mientras que la oposición, que no ahorra esfuerzo para desestabilizarlo, busca ser llamada, a pesar de haber perdido las elecciones, a formar parte de un gobierno de unidad nacional, para lo cual fomenta, según algunos, el estado de zozobra que lleve a la configuración de dicho gobierno como medida de salvación.

En momentos en los que todo el país anda en busca de su propio modelo político, que no puede ser automáticamente el de las democracias occidentales, porque debe atender la pesada carga de tradiciones políticas y culturales de su propio cuño, la estrategia del mandatario ha sido la de acumular poderes mientras impulsa cambios constitucionales que moldeen el país a la medida de sus creencias políticas, que inevitablemente llevan a una aproximación al islamismo. La Sharia como ley suprema, el abandono de ciertos principios de defensa de la condición femenina, lo mismo que la desprotección de los niños, no son principios que puedan ser fácilmente aceptados por los sectores liberales ni en el país ni en el exterior. Frente a ello, es preciso que, en lugar de la intransigencia, se abra paso a la reconciliación y la búsqueda de acuerdos que permitan la consolidación de un régimen político de aceptación general.

Si las fuerzas políticas no consiguen ponerse de acuerdo sobre una serie de principios fundamentales, que no signifiquen ni el triunfo arrollador ni la humillación de nadie, tal vez se pueda pensar todavía en un modelo que permita la continuidad no solo de este gobierno, sino del esquema de mandatarios elegidos por la voluntad popular. De lo contrario, ya comienzan a oírse las voces que claman por una intervención de las fuerzas armadas, que inspiraron hasta ahora prácticamente todos los gobiernos del Egipto contemporáneo, y que además del respeto, o del temor popular, tienen amplia experiencia en el mantenimiento del orden, como tuvieron posibilidad de demostrarlo por más de tres décadas. Las declaraciones, ponderadas y tranquilas del Ministro de Defensa y Jefe de las fuerzas armadas, Abdel-Fattah al-Sisi, pueden ser el primer aviso de lo que eventualmente llegaría a ser una intervención que, a nombre de la estabilidad, anhelada dentro del país y en toda la región, vendría a posponer la oportunidad de un avance democrático, que fue lo que inspiró la revolución de la primavera que en su momento tantas expectativas despertó.

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