Por: Ernesto Macías Tovar

Enrique, el enigmático hermano

El presidente Santos dice que tiene las llaves de la paz en el bolsillo; el discurso de las Farc reza que es el pueblo quien las tiene; y, otras voces, distintas, afirman que las tiene Chávez.

Lo cierto es que el primer logro -entre comillas- que alcanzaron los voceros del gobierno y los cabecillas del grupo terrorista es el de haber convencido a muchos colombianos que con la simple firma de un “acuerdo” en La Habana se llega a la paz en Colombia. Y es la primera gran mentira, porque en la realidad están negociando solamente con una parte de uno los generadores de violencia -según informaciones de inteligencia la organización criminal está anarquizada-, luego la discusión debe ser sobre quién tiene las llaves del acuerdo con el sector oligárquico de las Farc.

Pero hay un asunto de fondo que aunque de manera tangencial se ha tratado no se ha centrado la atención en él. Sin duda, por todo cuanto se ha descubierto alrededor de las negociaciones del gobierno Santos con las Farc, el país ya conoce quién es el cerebro que se inventó las cosas tal y como se han venido desarrollando y qué hay detrás o cuáles son las verdaderas intenciones de lo que se teje en la Isla de Fidel; en efecto es Enrique Santos quien sobre el particular dijo: “esto es una negociación que tiene una estrategia y unos propósitos”; la estrategia la maneja él y los propósitos son electorales. Es decir, el objetivo principal es la reelección de su hermano así tengan que validar el ingreso de los terroristas al Congreso.

La historia de Enrique Santos con las Farc se remonta a tres o cuatro décadas atrás cuando el hermano del hoy presidente de la República entabló una amistad cercana con miembros del “secretariado”, especialmente con “Alfonso Cano” quien siempre lo consideró (a Enrique) como un gran amigo e interlocutor legítimo; luego es fácil entender el porqué del interés de Enrique para que su hermano firme lo que sea con la organización terrorista sin importar las consecuencias para el país.

De ahí su reiterada insistencia (de Enrique) en que el proceso de La Habana está “atado” a la reelección. Y como fue él quien “pactó” las reglas del juego durante las negociaciones secretas que aún el país no conoce en su totalidad, las Farc siguen asesinando y secuestrando policías y soldados sin que el gobierno haga algo. El hermano del Presidente ha demostrado que poco o nada le importa la suerte del país frente a la posibilidad de firmar con el grupo terrorista.

Y, aunque su vida privada (la de Enrique) no nos interesa ni es del caso citar para este análisis, es conveniente afirmar que su comportamiento social no es el mejor ejemplo ni recomendación alguna para que él defina, como está ocurriendo, la suerte futura de los colombianos. Por eso hoy preocupa saber que la única persona, además de los cabecillas de las Farc, que sabe los secretos pactados para sentarse en La Habana sea el enigmático hermano del Presidente. A propósito, Santos (Juan Manuel) le mintió al país cuando aseguró que su eventual aspiración a la reelección no estaba ligada con los diálogos de Cuba. Su hermano (Enrique) afirma lo contrario y hay motivos para creerle más a él.

@emaciastovar

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