Por: Cartas de los lectores

Cartas de los lectores

Una de las diferencias entre el presidente Juan Manuel Santos y el exmandatario Álvaro Uribe Vélez es la aceptación del presidente de la existencia del conflicto bélico, de una guerra en Colombia.

Al aceptar esta sangrante y antieconómica realidad de más de 50 años, debemos entender, entonces, que al apresar a un combatiente o soldado por algún ejército, éste es un prisionero de guerra, aquí y en Cafarnaúm, según tratados internacionales. Para respaldar el proceso de paz en La Habana se necesita amor de patria, saber del gran beneficio que se le hará al pueblo colombiano con la urgida paz y también lo inútil y terrífico de la continuidad criminal, por lo cual abogan los abanderados de la guerra para seguir sometiendo al país a una polarización inhumana. Necesario advertir que los diálogos de La Habana tienen el condicionamiento, en sus cinco puntos acordados, de no al cese al fuego, por lo tanto las acciones de guerra continúan. Antipatriótico establecer vocerías públicas destructoras del camino hacia la paz, donde los perdedores seremos todos los colombianos, incluso los belicistas si no culminamos felizmente. Al Gobierno, los negociadores y medios de comunicación, les corresponde actuar con seriedad, sinceridad, inteligencia y serenidad para sacar adelante el compromiso adquirido con ustedes y con la patria. Los golpes de opinión durante el camino de la paz serán bien asimilados por la optimista y creciente sociedad pacifista y con la profunda convicción histórica de paz de los negociadores.

Ómar León Muriel Arango. 

Medellín.

Rodear a los héroes

Asesinar a un policía o a un militar, en cumplimiento de su deber, es atentar de manera cruel contra los hogares más humildes de este país, que son a los que les ha tocado sufrir la crueldad del conflicto. De las familias sencillas y de escasos recurso salen los hombres y las mujeres valientes, ¿de adonde más?, capaces de asumir la responsabilidad de defender la democracia, la seguridad y la tranquilidad, a costa de su propia vida y de sacrificar otros derechos, para que todos los colombianos podamos disfrutar el ejercicio de los derechos y las libertades sin más ofrendas que acatar el orden legal y constitucional. A ellos los asesinan, mutilan, secuestran, vilipendian y encarcelan. Para compensar ese sacrificio de nuestros héroes y de sus familias, todos como sociedad debemos rodear a nuestra fuerza pública, para hacer eficaz su labor contra el terrorismo.

Éder Bejarano. Bogotá.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Cartas de los lectores