Opinión |9 Feb 2013 - 11:00 pm

William Ospina

Los caminos de hierro de la memoria (IV)

Por: William Ospina

Al lado del camino de agua hicieron el camino de hierro. Hacia 1886, un hombre llamado Antonio Acosta estableció en un pequeño puerto llamado La Curva del Conejo, una venta de leña para los vapores que bajaban y subían por el Magdalena.

  • 18Compartido
    http://www.elespectador.com/opinion/columna-403874-los-caminos-de-hierro-de-memoria-iii
    http://tinyurl.com/au2ep6k
  • 0

La destrucción de las selvas había comenzado mucho antes: en típico rebusque colombiano, los vendedores de leña empezaron a potrerizar las orillas, los bosques acabaron en las calderas de los barcos, la tierra que soltaban las raíces se sedimentó en el lecho del río, y fue así como los propios barcos acabaron con la navegación.

Pero por un tiempo el fenómeno le dio prosperidad a aquel poblado, al que llegaron hacia 1904 muchos guerrilleros que había dejado sin oficio el final de la Guerra de los Mil Días. Desde Ambalema, que llenó de humo aromático los pulmones europeos casi un siglo, se estaba tendiendo el ferrocarril que pasaría por Beltrán, San Lorenzo, Mariquita, Honda y Yeguas, hasta llegar a El Conejo, que alguien vislumbraba como gran puerto fluvial del futuro. Y aquellos guerrilleros, cansados de plomo, se aplicaron a otro metal: a tender los rieles del tren en cuyos vagones venía el siglo XX.

Al comienzo, en el mapa, los caminos de hierro eran casi imperceptibles: recomenzaba la lucha con esta naturaleza rebelde. En 1855 ya un ferrocarril, entre Ciudad de Panamá y Colón, había unido el océano Atlántico con el Pacífico. Tímidamente avanzaron las carrileras, como las llamamos en Colombia: de Barranquilla a Sabanilla, de Santa Marta a Ciénaga, de Cartagena a Calamar, de Medellín al Magdalena, de Cúcuta al Táchira, de Medellín a Amagá, de Cali a Buenaventura, de Bogotá a Facatativá, de Bogotá a Girardot, de Girardot a Ibagué con un ramal que seguía para Neiva.

A finales del XIX la iniciativa modernizadora tuvo el respaldo de la administración de Manuel Murillo Toro. A comienzos del XX Rafael Reyes le dio empuje. Y fue Pedro Nel Ospina, ingeniero, quien en 1922, aprovechando la indemnización de 25 millones de dólares que Estados Unidos pagaba por Panamá, intentó la prolongación de aquellos tramos para formar tres grandes troncales ferroviarias: Bogotá-Buenaventura, cuyo principal obstáculo era el paso de Ibagué a Armenia; Pasto-Mompox, que debía pasar por Popayán, Cali, el cañón del Cauca y la Boca de Tocaloa; y la ruta Bogotá-Santa Marta, pasando por Tunja, Sogamoso, el Chicamocha, Bucaramanga y Puerto Wilches.

Cada tramo tenía un desafío: el mayor era la cordillera Central, y en 1914 comenzaron los estudios para unir a Ibagué con Armenia. En 1920 se definió por dónde perforar la cordillera, pasando la depresión de Calarcá, para llegar al Pacífico. Ya habían comenzado los trabajos cuando otra gran depresión, la crisis del año 29, acabó con el proyecto.

Pero así pasó el ferrocarril por Ambalema y recogió las últimas grandes cosechas de tabaco, y así se encontraron en Mariquita las locomotoras de la Dorada Railway Company, con las vagonetas de la Ropeway Branch que bajaban la cosecha cafetera.

Para administrarla, se estableció desde 1905 en Mariquita la Ciudadela Inglesa. Bordeada de canales para controlar inundaciones, era ejemplo notable de la arquitectura de la época. Todavía sobreviven en ruinas, pero con sus estructuras intactas bajo los árboles, la estación del ferrocarril, la estación del cable aéreo, las inmensas bodegas, los talleres, las quintas de ingenieros y la capilla de esa Ciudadela que duró 50 años y que tuvo en su tiempo iglesia anglicana y cementerio inglés.

Un capítulo de nuestra historia parece caerse a pedazos a la sombra de cámbulos y ceibas. Alrededor han construido urbanizaciones, pero de las 42 hectáreas originales queda espacio suficiente para una Ciudadela de la memoria, antes de que sea arrasada por el olvido.

Esos diez mil metros cuadrados de construcciones en peligro nos hablan todavía de gestas asombrosas y promesas frustradas. Tantas cosas se cruzan allí: la ruta de la Expedición Botánica y la memoria de la navegación por el río, la colonización de las selvas centrales, medio siglo de fundaciones, el relato de la Concesión Aranzazu, la saga del café y muchos relatos que marcaron nuestro destino: los diez mil bueyes del Camino de la Moravia, las llanuras del tabaco, las minas de alemanes e ingleses, las ruinas de Santa Ana bajo la luna de Fallon, el tendido de los ferrocarriles, el Cable aéreo que inspiró el de Gamarra a Ocaña y el de Manizales al Chocó, las vagonetas en la niebla del páramo descendiendo hacia la tierra caliente, la edad en que los esfuerzos de nativos, criollos e inmigrantes nos pusieron a las puertas de la modernidad.

Esa historia de hace un siglo cambió la cara de una vasta región y dejó salpicadas de apellidos ingleses a las estirpes criollas de la montaña, pero no sólo es una invitación a recuperar la memoria. La vieja Ciudadela debería convertirse en lugar de visita para viajeros, de trabajo para organizaciones y talleres de creación, en centro de reflexión sobre suelos y pisos térmicos, sobre las relaciones entre los glaciares y el río, sobre clima y transporte, sobre modelos económicos y desafíos ecológicos. Testimonio visible de una edad del continente, es el espacio ideal de muchas cosas necesarias y urgentes para aprender a habitar con respeto y sabiduría el territorio, como nos lo recuerdan cada día, pocos kilómetros al sur, las ruinas de Armero, arrasada por la desmemoria, la negligencia y la ignorancia.

Porque aquí cada pueblo guarda una historia, cada camino significó una hazaña y cada tecnología dibujó una promesa, pero también cada olvido y cada negligencia labraron para muchos una catástrofe.

 

* William Ospina

  • Elespectador.com| Elespectador.com

  • Imprimir
  • Enviar
  • 18
18

Opiniones

Este es un espacio para la construcción de ideas y la generación de opinión.
Este espacio busca crear un foro constructivo de convivencia y reflexión, no un escenario de ataques al pensamiento contrario.

Para opinar en esta nota usted debe ser un usuario registrado.
Regístrese o ingrese aquí

Opciones de visualización de opiniones

Seleccione la forma que prefiera para mostrar las opiniones y haga clic en «Guardar» para activar los cambios.
Opinión por:

Boyancio

Lun, 02/11/2013 - 03:50
No nos llegó la gloriosa Revolución Industrial, imperaba entonces, en nuestro suelo caribe, en el Interior, la ambisión de los gamonales regionales alimentados con obleas sagradas y pasadas con agua bendita; mientras el pueblo sin educación apropiada, debería seguir como carne de cañón para saciar la ira de los los uribistas de antes. Esa historia, ¿paqué recordarla?
Opinión por:

marti05

Dom, 02/10/2013 - 18:43
Don William Ospina gracias por ese recorrido nostálgico. En mi niñez usando como epicentro Armero viaje a Ibagué, La Dorada y Bogotá. Todavía recuerdo en el recorrido a Bogotá al asomarme por la ventanilla como niño curioso admirando el paisaje andino sentir los chamuscos de las chispas de carbón ardiente en mis mejillas, chispas que la jadeante locomotora al frente dejaba como estela.
Opinión por:

guillermo fernández

Dom, 02/10/2013 - 17:03
Que tristeza hace mas de un siglo teníamos vapores y ferrocarriles. Hoy día el cruce de la línea entre Bogotá y Buenaventura es una absoluta y total verguenza. En vez de progreso solo hemos visto violencia y retroceso.
Opinión por:

PubliqueAquí

Dom, 02/10/2013 - 14:58
Muy buen artículo gracias. www.sansebastiandemariquita-publiqueaqui.blogspot.com
Opinión por:

unomas_conelminimo

Dom, 02/10/2013 - 13:33
Memoria es eso que los colombianos no tenemos. Gracias W. Ospina por traernos un pedazo cada vez.
Opinión por:

lapatri

Dom, 02/10/2013 - 13:30
William, me salgo del tema para darle las gracias. Acabo de leer Esos extraños prófugos de Occidente. A excepción de Lord Byron (cuya semblanza "me supo a poco, la verdad), los otros autores también se cuentan entre mis predilectos. Me hubiera encantado que Robert Graves se encontrara en esa lista (ya sé que fue bastante más 'adaptadito'), pero creo que me hubiera dado pistas para leer La diosa blanca, a la que he intentado "hincarle el ojo" un montón de veces y siempre me ha quedado grande. Me dispongo emocionada a empezar La serpiente sin ojos la que, igual que sus predecesoras desde Auroras de sangre, sé que me encantará. Para mí es un gran placer y un privilegio leerlo.
Opinión por:

miguelucho179

Dom, 02/10/2013 - 12:50
Sr. Ospina: Ud. titulo este texto como "Los caminos de hierro de la memoria (III)" ; la semana pasada titulo su texto "Los caminos de hierro de la memoria 3". El texto de la semana anterior recibio el titulo de "Los caminos de hierro de la memoria (II)" y el primero de esta saga fue titulado "Los caminos de hierro de la memoria (I)". Es correcto el titulo de su texto de hoy?
Opinión por:

leinadsajor

Dom, 02/10/2013 - 12:59
Puede ser la segunda entrega de la tercera parte.
Opinión por:

andres2321

Dom, 02/10/2013 - 12:25
Soberbio escrito. Limpio, pulcro, excelente. Un viaje por la memorial de un país sin conciencia de su historia.
Opinión por:

leinadsajor

Dom, 02/10/2013 - 11:28
“A pesar de que en aquella época Japón figuraba como un país atrasado y destruido por la II Guerra Mundial y luego por la Guerra de Corea (colonia hasta 1945), en realidad era muy avanzado, una de las evidencias de ello era el sistema de trenes, que cubría prácticamente todo el país. Como en el mapa colombiano aparecían vías férreas de Buenaventura a Cali, yo pensaba que Colombia también tenía desarrollo, pero durante el viaje entendí que ‘éste iba a un ritmo muy lento’, pues uno de los profesores que viajaba conmigo se cayó accidentalmente del tren poco antes de llegar a Cali, angustiado se puso a correr hacia la estación y el tren iba tan despacio que el profesor llegó primero” Yu Takeuchi. http://cienciagora.com.co/galeria_de_cientificos/matematicas-y-ciencias-naturales-152/yu-takeuchi/376.html .
Opinión por:

Ar mareo

Dom, 02/10/2013 - 13:27
Muy buena anecdota, mientras medio mundo ya llego al siglo 21 aqui el tren del pais va apenas en los anhos 50s, por eso los q se bajan del tren (los q se van del pais) van a llegar primero!
Opinión por:

lapatri

Dom, 02/10/2013 - 13:12
Muy buena anécdota.
Opinión por:

Ivanov_Pineda

Dom, 02/10/2013 - 11:22
La poesía es inherente a éste escrito, no es sólo reflexivo encontrar las historias de desarrollo que hacían pensar que el país brindaba un empuje abrasador, un ímpetu que ya no forja patriotismo...Esas historia deberían ser cotidianas y estar en la memoria de todos los colombianos, desafortunadamente no es así. Nota: No olvidar el paso del ferrocarril por pueblos pequeños pero no menos importantes: Zipacón, Cachipay (puerto mochilas), La Florida, San Javier etc.
Opinión por:

guacaipuro

Dom, 02/10/2013 - 10:22
los textos son exelentes espero nunca deje de escribir , una nota creo que se equivocaron con el No III es el IV el III Lo escribieron el domingo pasado gracias por esa lectura tan esquisita.
Opinión por:

polista

Dom, 02/10/2013 - 09:13
Gracias Maestro por aterrizarnos pero llenos de amor a la patria y recordarnos el valor de nustra tierra y de nustra gente que aunque inconstante y mas parladora que realizadora ha construido esa nacionalidad de la que por ignorancia no reivindicamos y menos valoramos. De esa región tolimense-caldense -paisa y cundinamarquesa como de la patria entera hay mucho que decir para lograr mirarnos en ese espejo que muchas veces no nos dice nada. De todas maneras es difícil reconocer cuando se administró chiquitolina a nuestros dirigentes para que encayaramos en este viaje al desarrollo , a la modernidad y hoy nos veamos desorinetados y atormentados por los propios inventos como la violencia , la corrupción , el militarismo y la mediocridad.
Opinión por:

comentandoj

Dom, 02/10/2013 - 08:58
¡Que maravillosa manera de resumir la historia! ¡Que pintura nostágica de hombres, pueblos, mulas y paisajes! Esa Colombia que forjaron nuestros ancestros, hoy olvidada por nuestras juventudes, que no han sido instruidas en el amor a la patria y al trabajo, sino que se deslumbran con la ruta fácil de la pervertida política o de la malhadada droga. Esta nota nos muestra que todavía hay salvación; que ese retazo de nuestra historia puede ser la base para redescubrir a Colombia.
Opinión por:

ccdc

Dom, 02/10/2013 - 08:30
Delicias de literatura histórica. Y un recuerdo de guerrilleros de 1904 y guerra de los mil días. Doscientos años de estado inepto y guerra por la tierra.
Opinión por:

santisalse

Dom, 02/10/2013 - 07:02
Primero que todo apreciar la manera tan poética como esta escrito este artículo, hay muchas cosas de nuestra historia colombiana que se desconocen y ocuparon un lugar muy importante en la vida de muchos contemporáneos, mi pregunta es la siguiente : no deberían ser transmitidas acaso esas anécdotas e historias de padres a hijos?, esa es la única manera para que el deficis educativo y la manipulación de información jamas se salgan con la suya vedad... Yo nunca había escuchado este tipo de historias tan maravillosas sobre las carrileras y sus tramos en Colombia... Para mi esos deberían ser los cuentos para antes de dormir de nuestros niños y niñas, para que al despertar soñasen con un país grande y lleno de historia por el cual quieran sentirse propios y orgullosos por pertenecer...Gracias

Publicidad
Publicidad
Suscripciones El Espectador

Edición impresa

Suscríbase
 
Círculo de experiencias

ACTIVE LA LLAVE DE SUS PRIVILEGIOS

Beneficios para suscriptores

CONÓZCALOS
 
 

El uso de este sitio web implica la aceptación de los Términos y Condiciones de COMUNICAN S.A. Todos los Derechos Reservados D.R.A. Prohibida su reproducción total o parcial,así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved 2013