Por: Antonio Casale

El gran Reinaldo

Reinaldo Rueda es, sin duda, el mejor seleccionador de fútbol de la actualidad nacido en Colombia. El entrenador de Ecuador lideró a su equipo la semana anterior en la victoria frente a la estelar selección de Portugal, con todo y Cristiano Ronaldo y como visitante.

Además, el equipo de Rueda marcha segundo en la eliminatoria y, salvo algún bajón de última hora, debe acceder con comodidad a la máxima cita del fútbol en el planeta.

Pero los éxitos de Rueda no son espontáneos, son fruto de su trabajo. Lleva ya varios años escribiendo la historia dorada del fútbol en varias latitudes. Los hondureños lo adoran, de hecho, lo nacionalizaron después de que Reinaldo lograra la hazaña de devolverlos a un mundial, el de Sudáfrica, después de 28 años. Además dejó la base de la selección que logró una notable participación en los Juegos Olímpicos.

Antes, Rueda había asumido el manejo de la selección de mayores de Colombia, un barco hundido en 2004, y la dejó cerca de clasificar a la cita alemana. A Rueda, quien debió dirigir el equipo para la eliminatoria de 2010, lo relevaron de su cargo, no por sus resultados, que fueron buenos, sino porque permitió en una concentración, previa a un partido, que los jugadores se reunieran con miras a conformar la agremiación de futbolistas, existente en todos los países y que hasta el sol de hoy los directivos ven con malos ojos en el nuestro.

A Rueda le debemos, junto a Lara, la formación para el éxito de la constelación de estrellas que hoy disfrutamos. Falcao, Guarín, Zapata, Aguilar y muchos más pasaron por las selecciones que el vallecaucano tuvo bajo su responsabilidad a comienzos de siglo.

Rueda estudió para entrenador en Alemania y no deja de aprovechar ninguna oportunidad para actualizarse cada que el fútbol lo exige. Es un tipo serio, no es dicharachero ni tiene grandes amigos en la prensa. No es chistoso ni tampoco es dueño de grandes frases. No pertenece a ninguna rosca y tal vez por eso nos privamos de disfrutar de su experiencia ahora, que está en su mejor momento.

Es un sentimiento agridulce el que produce Rueda. Por un lado, la alegría de saber que un compatriota serio y trabajador triunfa en otras latitudes. Pero por otro, está esa sensación amarga de saber que se perdió mucho tiempo, el mismo que pasó entre su salida de la selección en 2005 y la contratación de Pékerman.

Queda la esperanza de saber que hay seleccionadores colombianos, como Reinaldo o el mismo Luis Fernando Suárez, capacitados para dirigir al equipo nacional en un futuro. No gozan de gran cartel, pero tienen las medallas necesarias.

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