Opinión |14 Feb 2013 - 11:00 pm

María Teresa Ronderos

La prueba ácida

Por: María Teresa Ronderos

En 2012 en Colombia, autores violentos,en su mayoría no identificados, asesinaron en promedio cada cinco días a un líder que estaba abogando por su comunidad. En total fueron acribillados 69 defensores de diferentes derechos y cinco más fueron desaparecidos forzadamente.

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Sus causas eran sencillas, como lo es la gente que representaban: enseñar la no violencia, mejorar las condiciones laborales de los mineros, preservar la autonomía indígena, recuperar la tierra que les usurpó la anterior generación de violentos, proteger el medio ambiente, promover actividades culturales en su barrio, como el hip hop, mejorar los servicios desde la junta comunal o impulsar un movimiento político renovador. No se salvaron los jóvenes porque a nueve los acribillaron, y 65 salieron amenazados de un solo barrio; ni las mujeres, pues a seis les dieron pena de muerte.

Son pocos los casos en que a las víctimas las atacaron porque se enfrentaron directamente con criminales. Algunos dirigentes comunales denunciaron negocios de microtráfico de drogas. Los demás estaban realizando actividades sociales corrientes, nada que en un país normal le cueste la vida a una persona.

El informe que revela estas cifras fue elaborado por el sofisticado sistema que montó la organización sin ánimo de lucro Somos Defensores y que se alimenta con la información que le envían casi 500 entidades de la sociedad civil. Resalta que los asesinatos son apenas la cresta que sobresale de la creciente ola de amenazas, ataques e intimidaciones que padecieron el año pasado los defensores de los diversos derechos humanos que tiene Colombia. Hubo 357 ataques documentados, casi un 50% más que en 2011.

Es verdad que una comunidad mejor organizada denuncia más, pero también que la valentía tiene su límite. A 50 de los paladines sociales les hicieron algún tipo de atentado y a 202 les llovieron amenazas: llamadas intimidantes por teléfono, panfletos, correos electrónicos y advertencias personales, algunas apuntalando el miedo con un fusil. Los que así intimidan no son sólo criminales comunes. Silencian con intención política a voceros de la gente.

El Gobierno ha hecho esfuerzos. Ha mejorado la cantidad y la calidad de la protección individual de personas en riesgo que cumplen tareas esenciales para la democracia, y para conseguirlo gastó US$100 millones. En total protegió a 3.671 ciudadanos. Pero hizo poco para proteger en forma colectiva a las 120 organizaciones que denunciaron hostigamientos a lo largo del año. Asimismo, el Ministerio del Interior sacó decretos, perfeccionó protocolos e hizo talleres para trazar planes de prevención y gastó $1.200 millones en ello. Pero no logró que las entidades territoriales concretaran sus propias estrategias de prevención del riesgo y, menos aún, que las pusieran en práctica.

Los funcionarios civiles van hasta donde pueden. Sucede, sin embargo, que aunque se sepa quién amenaza al líder de tierras o al sindicalista, en lugar de ponerle toda la presión posible al victimario conocido, la de la Fuerza Pública y la del poder político central para que alcaldes, fiscales y jueces actúen, lo que hace el Gobierno es mandarle a la víctima un celular, un chaleco antibalas y ponerle un escolta. La protección física ayuda, pero debería ser temporal, mientras entran en acción los poderes reales, pero hoy es la única protección.

Los defensores de los derechos de la gente son la prueba ácida que indica el grado de libertad en una democracia. Ellos son los valientes que desarmados enfrentan todo tipo de intereses mezquinos, y cuando éstos están fuera de control y hay un gobierno que, complacido con sus propias reformas de escritorio, no los enfrenta, empiezan a caer uno tras otro.

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manamuisca

Dom, 02/17/2013 - 12:05
Lo doloroso es ver qu con el tiempo esas nismas coumnidades terminen eligiendo a sus verdugos y entierren las ideas otrora salvadores y terminen justificando politicos y legislaciones que atenta el idearium popular. Es esa la cultura hipócrita de llorar a los muertos-no hay muerto malo- y al tiempo perseguir a los continuadores y macartizarlos al menos de ingenuos
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Ar mareo

Vie, 02/15/2013 - 14:29
Una razon mas para q el liderazgo sea institucional y no personal. Si el gobierno tuviera intenciones serias, ayudaria a contruir instituciones locales solidas. La gente pasa, pero las instituciones perduran.
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andresito

Vie, 02/15/2013 - 12:23
Excelente columna doña María, qué claridad, qué contundencia. Es una lástima que las autoridades sigan creyendo que cuando un sicario asesina la culpa es de la moto o de la pistola, pero más lastimoso aún es que muchas veces sabiendo de dónde vienen las amenazas se limiten a ponerle un escolta al amenazado en lugar de atacar, como dice usted, el origen de la amenaza.
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Eduardo Saenz Rovner.

Vie, 02/15/2013 - 09:04
Narcolombia, republiqueta salvaje y despreciable.
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preocupadoporcolombia

Vie, 02/15/2013 - 08:22
La situación no ha cambiado. hoy las multinacionales siguen comprando las conciencias de la oligarquia colombiana...a cambio de unos pesos se llevan nuestros recursos naturales y nos dejan la contaminación, subdesarrollo, destruccion y perdida de la cultura (DRummond)...y los mismos gorilas siguen amenazandonos cuando tratamos de poner en practica algo tan simple como una restitucion de tierras, que no una reforma agraria
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chococruz

Vie, 02/15/2013 - 08:19
Todas estas cifras deberian ser como el "pajaro en la mina", que cuando se muere todos los mineros saben que algo grave esta ocurriendo y que deben salir o protegerse. En nuestra indolente sociedad cuando nos enteramos de todo ésto solo atinamos a lamentarlo o a insinuar que algo torcido estaba haciendo y que por eso mereció que lo mataran. La ley del terror que tantos años llevamos viviendo y aceptando como normal ha hecho metastasis en nuestra manera de pensar y de actuar como sociedad, aquí todos aplicamos "el salvese quien pueda" y no la reacción en cadena de una sociedad unida contra la corrupción, el crimen, el terror o cualquier fuerza ejena al bienestar general.
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preocupadoporcolombia

Vie, 02/15/2013 - 08:10
todo empezo cuando, despues de la independencia, la oligarquia liberal y conservadora, en vez de crear riqueza y elevar el nivel de vida de los campesinos, se enfrascaron en guerras de rapiña por las tierras; azuzados por la iglesia, dueña de la mayoría de las tierras usurpadas a los indigenas, los conservadores empezaron una espiral de violencia que no se ha detenido hoy.
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preocupadoporcolombia

Vie, 02/15/2013 - 08:17
Luego llegaron los dueños de america, USA, y a traves de la corrupción de sus multinacionales y de la preparacion de gorilas del ejercito en la Escuela de las Americas, profundizaron aun mas la expoliación y la represion, llevando a masacres como la de las Bananneras (6000 muertos) ,o la de Iquique enChile (36000 muertos)
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rabil

Vie, 02/15/2013 - 07:41
A pesar de estas cifras, que pueden aumentar, y de la que señala miles de desaparecidos, Hervin Hoyos el abanderado de la paz, no ha organizado una marcha para defenderlos y visibilizar su drama. No da reiting protestar contra los atentados que denuncia la mcolumnista porque detrás de ese accionar están los mayores beneficiarios: los dueños del país. Las Farc, en su brutal, egoísta y criminal accionar dejan a su paso miles de víctimas inocentes y es un deber exigirles que cesen el desangre y respondan pór sus actos, quién puede dudar de ello. Pero la violencia generada, apoyada y financiada y encubierta por la institucionalidad para abortar los brotes de organización civil, y los intentos de construcción de comunidades con derechos, es mucho más condenable y destructiva.

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