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Ana María Cano Posada 21 Feb 2013 - 11:11 pm

En medio

Vislumbres

Ana María Cano Posada

Chávez resucitado sonríe como una cabeza flotante en una cama al lado de sus dos mancornadas hijas. Una luz incandescente irrumpe en el cielo azul y enciende una línea de fuego que se dispersa en miles de fragmentos dejando registrada en tiempo real, la caída de un meteorito.

Por: Ana María Cano Posada

Un rayo vertical rompe el cielo nocturno romano y cae sobre la cúpula de San Pedro en el Vaticano pocas horas después de haber renunciado al trono el papa; el fotógrafo Alessandro Di Meo captura este relámpago con exactitud y la imagen recoge el quiebre inusitado en la rutina católica. El guerrillero Iván Márquez de las Farc aparece sonriente sobre una motocicleta Harley Davidson, con sus botas empantanadas, en una fotografía publicada en Colombia.

Estas cuatro imágenes compendian, condensan, despejan y simbolizan el asunto que representan. Susan Sontag advierte en su libro Sobre la fotografía, que “la manera de mirar moderna es ver fragmentos. Se tiene la impresión de que la realidad es en esencia ilimitada y el conocimiento no tiene fin. De ello sigue que todos los límites, todas las ideas unificadoras han de ser engañosas, demagógicas; en el mejor de los casos, provisionales; casi siempre, y a la larga, falsas… La fotografía sirve para alejar la realidad temporalmente”.

A estas cuatro imágenes contundentes les sigue la confusión que tiene la vida en su complejidad diaria: Chávez vuelve a Venezuela desahuciado médicamente pero habilitado políticamente y, aunque nadie lo ve, oficia como Factotum para dirigir el futuro amarrado de sus coterráneos. Mil quinientos heridos en Cheliabinsk, ciudad de dos millones de habitantes que queda reducida a astillas en los Urales, asiste al fin del mundo una mañana azul y a partir de esa hora trata de reconstruirse. El papa profiere en sus homilías amargas quejas sobre la división de la iglesia católica y su veleidad interna, luego se retira al huerto de los olivos para que queden solos los lobos sueltos, disputándose la presa. Con inesperada candidez, Iván Márquez, explica que es como cuando un niño se hace retratar encima de un caballito de madera, y pide a la comunidad de harlistas que se una a la causa del proceso de paz, (parece un chiste pero no es), proceso al que su imagen cuelga otro sanbenito que aumenta el escepticismo y revela incoherencia entre lo que dicen y lo que hacen los armados que aspiran a incursionar por la vía civilizada de la política sin armas.

Estas imágenes hacen oleaje en las aguas quietas de la superficie previsible del mundo, saturan de conversaciones, discusiones, dudas, divergencias, el cotarro. Estas sugestivas estampas son provocación encarnada para la vista, ocurren en el mismo febrero cuando se identifican los restos descarnados de un esqueleto jorobado encontrado debajo de un parqueadero en Leicester, que resulta ser el del propio rey Ricardo III coronado con su espectro de maldad.

Son inesperados el rayo vaticano, el meteorito ruso y el rey inhumado, y requete fabricado el desaparecido y resucitado Chávez que apunta a ser leyenda como Perón en Argentina, si llega a producir tantos milagros con su figura mitificada como su paisano José Gregorio Hernández. Es malintencionada esa figura de Iván Márquez por ambigua.

Estas ráfagas fuera de lo ordinario rompen filas informativas, agitan y apuntan a ser revelaciones, esclarecimientos en época de crisis. Las fotografías son símbolos de la amenaza cósmica, del poder divino, del santo dictador y del James Dean armado. Vislumbres de una realidad que todos los días se nos escapa.

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