Por: Javier Moreno

El camino hacia el asombro

Federico Ardila es un DJ de cumbia y profesor de matemática en la Universidad Estatal de San Francisco.

Se especializa (seré burdo) en el conteo de configuraciones y detección de patrones en estructuras finitas, un área bellísima y llena de aplicaciones conocida como combinatoria.

Aunque Ardila dejó Colombia hace muchos años para estudiar su pregrado y postgrados becado en Estados Unidos, nunca ha perdido el vínculo con el país. Desde siempre ha trabajado de cerca con los equipos que representan a Colombia en las olimpiadas internacionales de matemática (que este julio serán en Santa Marta, por cierto) y hace seis años transmite por Internet sus clases de combinatoria desde San Francisco para compartir su pasión y su conocimiento matemático con un grupo cada vez más numeroso de estudiantes colombianos. También visita Bogotá con frecuencia para trabajar con ellos en persona.

Uno de los sueños de Ardila es que Colombia se convierta en un país que aproveche el talento matemático y donde el asombro reemplace al miedo tan común que surge al pensar en matemática. De eso habló en una charla que ofreció en Bogotá en diciembre. La matemática es igualitaria, barata e inclusiva, dijo. Todo el mundo puede aprender. Sólo requiere papel y lápiz. Es inaceptable que sólo unos pocos colegios ofrezcan formación matemática de calidad. Resolver esta desigualdad esencial debería ser una prioridad nacional.

Enseñar matemática es todo un reto. La misión consiste en recrear/revivir en otros la sorpresa de descubrimientos abstractos (muchas veces contraintuitivos) apenas sugeridos por los símbolos. Cuando se logra, el efecto es prodigioso. Aprender matemática es al tiempo aprender un lenguaje y aprender a viajar a través de él por mundos que no están en ninguna parte. No hay repetición ni memorización, sólo imaginación, curiosidad y entusiasmo. Cada solución a un problema engendra nuevos problemas más complicados en un juego que nunca termina. Cadenas de acertijos y soluciones ingeniosas nos acompañan y fascinan, como las historias, desde que bajamos de los árboles. Nuestros avances en ciencia y tecnología se sostienen sobre ese cúmulo de aventuras imaginarias.

En tiempos de tantas locomotoras que prometen arreglarlo todo sin cambiar nada conviene recordar con insistencia, como señala Ardila, que estamos dejando abandonada a la mayoría de nuestra juventud en un charco fangoso de educación mediocre. Los problemas sociales que tenemos dificultan la tarea de enseñar, pero no pueden ser una excusa para evadirla. De pronto conviene detener por un momento la carrera hacia el progreso (¿cuál de todos?) y pensar qué es lo que queremos que nuestros niños reciban en el colegio y cómo lograrlo. Grandes reformas serán necesarias para que lean con gusto, escriban con claridad y disfruten y aprovechen la riqueza de la matemática. Si no podemos garantizar al menos eso nunca sabremos de verdad hacia dónde queremos avanzar.

http://finiterank.com/notas

Buscar columnista

Últimas Columnas de Javier Moreno