Por: Mauricio Rubio

Fantasmas de la República

Produce desazón el tono casi displicente que tomó en Colombia la defensa de la adopción por homosexuales.

“Elemental, mi querido Watson... abrumadora evidencia científica”. “Ya se ha explicado en términos bastante claros por qué no cabe duda de que la Corte debería fallar a favor de la adopción... un mero trámite burocrático, no más”.

Ante tales aseveraciones desconcierta que una élite de juristas se haya embrollado en algo tan trivial. También sorprende que los parlamentarios franceses se hayan enfrascado en uno de los debates más complejos de los últimos tiempos, precisamente sobre ese asunto, sin haber programado viaje a Bogotá para que les aclararan eso tan obvio que ellos no captaban. Confundidos, examinaron cinco mil enmiendas sopesando pros y contras.

La supuesta obviedad de la defensa colombiana es una táctica para presionar la adición apresurada de otro retazo a una colcha de jurisprudencia que por sus alcances requeriría amplio debate político.

Un incidente ocurrido en la asamblea nacional francesa ilustra que la estrategia de “por el ladito, como si nada” no siempre funciona y pone el foco sobre un tema de la adopción que el activismo local ha evadido: los vientres de alquiler.

La “gestación para otro” está, y seguirá, legalmente prohibida en Francia. Además, los bebés nacidos así en el extranjero no son ciudadanos, aunque tengan padre francés. Muchas parejas —homo- o heterosexuales— han viajado al exterior para tener hijos en barriga ajena a los que, al llegar a su supuesto país, no se les reconoce la filiación ni se les concede la ciudadanía. Estos menores, llamados fantasmas de la República, suman varios miles.

En pleno debate parlamentario se filtró una circular del Ministerio de Justicia que buscaba legalizar la situación de esos infantes. Ahí fue Troya. “Empiezan a caer las máscaras. Esta circular tiene consecuencias indirectas mayores sobre el derecho de familia y el derecho a la nacionalidad, sin pasar por la ley. Es una provocación inaceptable”. Aún en un Estado verdaderamente laico la adopción por homosexuales no es pan comido: se discuten de frente todas sus aristas, no se delega la controversia en un sínodo de juristas, ni se toleran atajos administrativos.

Ante mi manía de economista de caricaturizarlo todo, un amigo constitucionalista me argumentaba que a veces es indispensable problematizar. Esa recomendación cae bien para quienes insisten en ver la adopción homoparental tan sencilla y evidente. Como mínimo, deberían reconocer que la de lesbianas no implica abandono materno y que apoyar la de gays conlleva darle impulso al mercado de vientres.

*Mauricio Rubiomrp-ee.blogspot.com /

 

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