Por: José Fernando Isaza

Toda comparación es…

Odiosa. Comparando Medellín con Bogotá se tiene que aquella recibió la mayor votación para ser elegida como la ciudad más innovadora; al tiempo que en ésta ve como se deteriora la calidad de vida.

A pesar de los graves problemas de violencia y la mala distribución del ingreso Medellín ha logrado crear entre sus habitantes un alto sentido de pertenencia. En Bogotá esto se logró con Mockus y Peñalosa.

Medellín mejoró la movilidad con el metro y los metrocables. La garantía que obtuvo del Gobierno Nacional le permitió que el presupuesto asumiera buena parte de los costos financieros. Hoy, la Nación asume cerca del 75% costo del sistema de transportes masivos, pero Bogotá no ha iniciado la construcción del metro. Cuando estuvo a punto de arrancar, Petro suspendió el proyecto aplazando la solución por varios años.

Las ciudades disponen de una serie de anillos viales externos para desviar el tráfico pesado. Los terrenos y la financiación para la construcción de la ALO estaba lista, Petro la aplaza perdiendo así los recursos del gobierno nacional. Las extrañas obras como universidades y colegios móviles que anunció para emplear el derecho de vía tampoco se hicieron. Bogotá no tiene terminal de transporte masivo en su Aeropuerto Internacional, con argumentos como no subsidiar a los ricos que viajan por vía aérea se dilató la construcción de la extensión del Transmilenio al Dorado. No pensó que los ricos van al aeropuerto en carro, no en buses. En los 14 meses de administración tampoco ha logrado concluir las obras de la 26 y la 10.

La inversión de una alianza público privada que permitiría reconstruir y modernizar el CAN, sin recurrir a recursos del Distrito. Esta obra de renovación urbana se hace casi inviable con la obligación de destinar el 20% del área para vivienda de interés social.

Las declaraciones del alcalde sobre el papel de la Empresa de Energía de Bogotá coincidieron con una caída del 25% del valor de la acción, debilitándose un importante activo. Su valor se recuperó gracias a los buenos resultados económicos, tuvo volatilidad cuando se creía que el gerente del acueducto sería el nuevo director de la E.E.B, la pésima gestión de este impidió su nombramiento. Otra nominación en buena hora se frustró, por trinos de mal gusto, salvando a la empresa de un riesgo económico, el trino más peligroso fue el que anunciaba emplear los recursos de la E.E.B para cubrir los costos financieros de las peleas del alcalde con los operadores de la recolección de basuras. Al final estos terminaron prestando el servicio: aún se ven volquetas del Distrito recogiendo basuras en condiciones antihigiénicas, en contravía con las proclamas de Petro de crear una Bogotá humana.

Los planes de buscar un aliado estratégico para la Empresa de Telecomunicaciones se descartaron. El argumento fue que así como EPM y UNE no necesitaban alianzas con jugadores internacionales tampoco ETB. Las directivas de EPM debieron sonreír ante estas declaraciones, pues en Medellín ya se estaban buscando soluciones, como la anunciada con Tigo.

Por favor alcalde, si no nos quiere proporcionarnos una mejora en la calidad de vida al menos no nos prive de la esperanza de tenerla en un futuro.

 

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