Por: Javier Moreno

Corrales de palabras

Se supone que los temas de moda (también conocidos como trending topics o TT) capturan la actualidad.

Los describen como una creación colectiva: una lista de expresiones filtradas del flujo digital mediante cálculos de frecuencia y algo de intervención manual depuradora que reflejan las líneas de conversación activas; el presente vivo condensado gracias a los avances del procesamiento de lenguaje natural en una lista de N cómodas cápsulas.

Suena a ciencia ficción porque es ficción.

En esta ficción, los temas de moda son una herramienta simplificadora semiautomática que permite al usuario estar al tanto de lo que importa en el entorno geográfico que prefiera (su ciudad, su país, el mundo). Así los ofrecen, como una especie de reloj de bolsillo que anuncia con alguna exactitud las preocupaciones de la masa a cada momento.

Pero los temas de moda también son imposiciones. El colectivo no los crea tanto como los canaliza y refuerza: provienen de conglomerados financieros o políticos que (a través de avatares mediáticos) tienen la capacidad de impacto necesaria para dirigir la atención de suficientes usuarios hacia donde les convenga. Los usuarios son apenas una caja de resonancia que aprueba y legitima el mensaje, sea el que sea. Hay excepciones pero son escasas. La estructura de poder no cambia.

El propósito de los temas de moda, como el de casi cualquier otra herramienta que ofrece una red social, es maximizar el tiempo de atención que el usuario le dedica. Una audiencia cautiva es ganado a la venta.

El efecto es recursivo: la inversión de atención genera contribuciones que a su vez generan respuestas que finalmente ofrecen nuevas razones para sostener al usuario sobre el caudal de opiniones improvisadas, insultos, indignaciones y activismo espurio con intermedios publicitarios distribuídos densamente.

Los temas de moda permiten que el usuario se integre rápidamente al ciclo. El sistema necesita su servicio. Un mejor término para describir al usuario sería, tal vez, operario.

Las redes sociales exigen un sentido aumentado de urgencia que nos convierte en sirvientes y adictos de lo inmediato. Los temas de moda solucionan el problema falso de cómo estar enterado de todo al instante. Basta estar activo en la red: el corral es su amigo.

El secreto es minimizar el todo y redefinir lo esencial mediante la ilusión de que estamos en control. Esto permite someter las voluntades individuales a las prioridades impuestas por el entretenimiento. El rebaño ha de ser uno y manso.

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