Opinión |8 Mar 2013 - 11:00 pm
Máquina de moler
¿Cocina japonesa ‘light’?
Por: Doña Gula
Una de las grandes cocinas del mundo sobre la cual no tengo un buen conocimiento es la cocina nipona. Lo anterior no significa que no me guste; por el contrario, la considero una de las más suculentas, importantes, saludables y hermosas, convirtiéndose en uno de mis “desconocidos encantos culinarios” y embelesándome cada vez que me siento ante el ritual que propone su degustación.
Aclaro: no soy la persona adecuada para opinar con criterio sobre sus bondades, por lo tanto, permítaseme transcribir las opiniones de los especialistas Tamiko Nakasu y A. Komiya, quienes en su libro El arte de la cocina japonesa sintetizan perfectamente todo lo que yo quisiera opinar, cuando al respecto dicen: “Los exóticos sabores, colores y texturas de la cocina japonesa, apoyados en el uso de productos naturales, frescos y nutritivos, la hacen cada día más popular. La serena y sutil combinación de los ingredientes, los utensilios para contenerlos, las técnicas de cocción y la loza para presentarlos, involucran en su conjunto un ritual simbólico, herencia de un pasado glorioso que aún se respeta y se recrea... los japoneses son líderes en lo que a la longevidad concierne y ello se atribuye al balance de su dieta, basada en pescados y vegetales, que produce como resultado una buena salud. Hay, además, otras ventajas de la cocina japonesa que han contribuido a su divulgación y aprecio alrededor del mundo: su valor nutricional y sus beneficios para la salud”.
Muchas veces me he sentado a disfrutar de la cocina japonesa y guardo en mi memoria auténticos banquetes que disfruté en mis años mozos con mis amigas en Londres y San Francisco, y me refiero a ellos para decir que jamás sentí un rebote o una agriera; y el asunto no era de juventud, sino resultado de la sanidad intrínseca de la comida. De igual manera me he sentado en las propuestas de cocina japonesa que han hecho presencia en Medellín, y sin vergüenza confieso que he procedido de igual manera a como lo hice en las ciudades referidas, es decir, he comido a reventar y jamás he sentido el más mínimo malestar.
¿Por qué estoy escribiendo esto? La razón es sencilla: un restaurante japonés de gran tradición en Medellín ha ubicado una valla ofreciendo cocina japonesa light express. No entiendo cuál es su intención, pero conociendo la calidad de su oferta, creo que ha caído en un error, pretendiendo satisfacer la moda de una demanda ajena al buen comer. Esa oferta equivale a ofrecer cocina española sin aceite de oliva. Yo admiro la cocina japonesa no sólo por su estética, sino además por su parsimonioso ritual de servicio que exige serenidad y paciencia... una vez más, la idea del marketing atenta contra la tradición.
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Máquina de Moler | Elespectador.com
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