Por: Ricardo Bada

Combatiendo el insomnio

En una noche de insomnio, “toda llena de silencios, de murmullos y de música de alas”, me asaltó la siguiente reflexión: la palabra neerlandesa para designar al hombre, man, no tiene ninguna letra común con la que designa a la mujer, vrouw.

En alemán, por el contrario, Mann y Frau sí tienen una letra común, la vocal “a”. Y en español, “hombre” y “mujer” comparten tres letras en común, aunque distribuidas de forma tan anárquica que la “m” es la tercera letra del hombre y la primera de la mujer, mientras que mujer termina en “e-r” y hombre en “r-e”: todo al revés, qué sintomático.

Nada de esto sucede en francés, idioma de un rigor cartesiano que a los españoles nos produce tanta admiración como espanto. En francés el hombre es homme, y la mujer femme: también tres letras en común, pero exactamente en la misma posición, ¡oh, manes del Kamasutra! Ahora bien, ¿dije espanto? El que me provoca el cartesianismo galo se quedó en un mero susto de medianoche cuando recapacité que en inglés la palabra que designa al hombre, man, es parte consustancial de la que nombra a la mujer, woman. O sea: en inglés, la mujer no puede ser mujer si no es, además, hombre.

Imagino que a muchos de ustedes todo esto les parecerán ganas de partir un pelo en cuatro, o, ya que citamos el gremio de Fígaro, ganas de buscar pelos en la leche. Pero recuerden que la Cábala, esa que se escribe con mayúscula, y a la que tan aficionado era don Jorge Luis Borges, no es alguna cosa que vaya mucho más allá, aunque, eso sí, con finalidades dizque místicas.

A mí, la verdad, qué quieren que les diga, un idioma en el que la mujer no puede serlo si no es, además, hombre, me produce cierto rechazo. Imaginen que en castellano la palabra para designar a la mujer fuese “cohombre”. ¡Qué horror!, ¿no es cierto? Aunque desde luego bastante menos horrible que “subhombre”, “infrahombre” o “minihombre”.

Otra reflexión puso en estado de alerta roja todas mis células grises (bueno, no exageremos, sólo son tres, o a lo mejor cuatro, si se recuperó de su infarto la que estuvo meditando sobre la honradez de los políticos), y en ese estado neurológico de alerta roja me pregunto con un cierto terror al contemplar encima de mi mesa, escritas en un papel de mi puño y letra, las palabras man y woman: ¿qué carajo significa el prefijo wo en inglés?

Mejor será que no lo investigue porque la sorpresa me puede costar el sueño. Con el resultado de que tendría que recurrir al viejo método de contar ovejas, y entretanto ya sé que mi fábrica textil fundada gracias a su lana se encuentra en una irremisible bancarrota. ¿Cómo poder dormir, pues, en tales condiciones?

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