Por: Felipe Zuleta Lleras

J.M.S.

Esta semana nos contaron, en palabras del propio Sr. presidente Santos, que la expresión “Un país justo, seguro y moderno” será el derrotero en los 16 meses que quedan de su mandato.

Por supuesto que todo esto pasa como consecuencia de las bajas encuestas de popularidad que tienen preocupado al gobierno nacional.

Como lo hemos sostenido, más que un problema de saber comunicar o no, lo cierto es que al presidente le ha faltado liderazgo para lograr que sus ministros no se contradigan los unos con los otros, como suelen hacerlo. Eso se soluciona tan fácilmente como haciendo consejo de ministros y lo que en otras épocas llamaban encuentros ministeriales, en donde semanalmente todos los ministros se reunían con el presidente para mirar cada uno de los asuntos de la respectiva cartera.

Por cuenta de las suspicacias de los medios, se descubrió que las iniciales del presidente (J.M.S.) corresponden a la expresión comentada. Eso no pasa de ser una anécdota que ni le quita ni le pone al tema, pues es claro que es más de fondo que de forma.

Tal vez con la llegada del consejero externo de comunicaciones, pro bono, Miguel Silva, las cosas mejoren un poco, advirtiendo, sí, que todo depende de que el presidente Santos asuma directamente los temas para que su visión de un país más justo, seguro y moderno se convierta en una realidad. ¿Quién podría oponerse a eso?

Pensamos que si bien es cierto que el Gobierno ha sido, hasta ahora, pandito, lo cierto es que Santos ha tratado de acertar y le ha bajado al país la crispación en la que quedó Colombia después del gobierno del presidente Uribe, crispación que todavía tiene como su vocero al expresidente, quien trina y trina como loco cada vez que alguien en el Gobierno dice algo. Trina contra Vargas Lleras, contra el ministro Carrillo, contra la paz, contra Santos...

Si hacemos un poco de memoria, hace tan sólo dos años largos estábamos a punto de guerra con Venezuela, se hablaba de chuzadas, de escándalos, de presos del más alto nivel. Hoy las cosas son diferentes pues se habla, con o sin razón, de que las locomotoras no han arrancado del todo. Y, la verdad, ejercer hoy en día el periodismo es mucho menos azaroso de lo que fue en épocas pasadas.

Ojalá el presidente aproveche lo que le queda de gobierno para lograr concretar cosas como la aplicación de las leyes de víctimas, de devolución de tierras, entre otros.

Si además de eso firma la paz, pasaría a la historia como un verdadero demócrata. Como colombiano le apuesto a todo esto, porque, a pesar del pesimismo que algunas veces nos embarga, lo cierto es que si logramos una paz duradera y un desarrollo sostenible y un país más justo, moderno y seguro, habremos avanzado considerablemente.

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