Por: Gonzalo Silva Rivas

Lluvias santas

La corta temporada de Semana Santa bien puede servir para refrescar y tonificar las arcas de los hoteleros en Colombia, algunos de ellos preocupados por la caída en los promedios de ocupación.

La explosión de habitaciones que desde 2004 sacude a la industria del alojamiento es tan expansiva que son varios los empresarios que empiezan a expresar reservas y serios temores sobre el futuro de sus inversiones.

Hablando con el sector, las opiniones resultan encontradas. Los más alarmados advierten sobre la existencia de un serio desbalance entre oferta y demanda, y previenen sobre los riesgos de revivir la crisis que tuvo el sector a comienzos de la década de los noventa por la caída de tarifas. Los que aún conservan la euforia admiten que pese a registrarse una menor ocupación la mayor oferta ha estimulando el crecimiento de la demanda. A estas voces se suma el gobierno, que tampoco ve que los niveles de saturación sean preocupantes.

Lo que sí resulta claro es que en poco menos de una década, el país ha logrado una considerable transformación en su infraestructura hotelera con la construcción de más de 20 mil nuevas habitaciones, buena parte de ellas dadas al servicio por prestigiosas cadenas internacionales que llegaron a cubrir un enorme vacío que se sintió por largo tiempo.

El promedio actual de la ocupación en Colombia se encuentra varios puntos por debajo del latinoamericano que bordea el 61%, y rezagado del mundial, que oscila en el 67%. Pero esta limitación no restringe las perspectivas que prevén los inversionistas para entrar en el negocio. La gabela tributaria de exención del 30% del impuesto de renta que otorgó el presidente Uribe en 2002 para las nuevas inversiones y remodelaciones, tiene vigencia hasta 2017. Y este beneficio sigue siendo excelente atractivo tanto para los inversionistas como para la modernización del sector y la dinamización del turismo.

Si las alertas comienzan a prenderse en Bogotá, Cartagena, Medellín e incluso Cali, donde acechan las sombras de desaceleración, la estrategia debe cambiar y la apuesta dirigirse a la inversión en ciudades intermedias, como Villavicencio, Cúcuta o Neiva, y a la construcción de alternativas en resorts y vacacionales. Las actuales circunstancias del país -mejoramiento de imagen internacional y reducción de violencia- sumadas a las expectativas sobre una posible paz con la guerrilla, jalonan el ingreso de turistas y amplían la demanda. De dos millones en 2012, la meta oficial para 2014 será doblar la cifra.

Por ahora, importante resultará que las posibles lluvias santas no afecten el caudal de viajeros y terminen aguando al sector.

gsilvarivas@gmail.com

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