Por: Mario Morales

Falta de oficio

No recuerdo que haya habido (tanta) sensibilidad cuando la tele mostró a Carlos Castaño, vestido al estilo de Ricky Martin, para limpiarle su imagen guerrerista. O cuando Mancuso, Báez e Isaza se presentaron en vivo y en directo desde el Congreso para exigir que no les dieran cárcel.

No recuerdo que haya habido (tanta) indignación después de conocerse la conspiración de Ralito para refundar la patria. O por cada una de las masacres a manos de paramilitares que los medios fueron sacando del circuito informativo por “antiestéticas”. O por cada uno de los parapolíticos investigados y condenados por dar forma al monstruo que ellos mismos coadyuvaron a crear.

O por el archivo, sobreseimiento o libertad por vencimiento de términos de tantos implicados en parapolítica, como acaba de suceder con otros 14 esta semana. O por los resultados de las encuestas que decían, hace apenas un lustro, que uno de cada tres colombianos era “proparamilitar”. Debe ser falta de memoria mía, en un país con un ADN que carece desde siempre de ella.

Quizás sea necesario repetir que no ha habido una época en la que impunemente se haya hablado (tanto), abusado o usurpado el dolor de las víctimas. Y las víctimas, ahí.

Y no ha habido una época en la que se citen (tanto) el buen nombre, la imagen nacional, las buenas costumbres, los ejemplos más ilustres, la sana convivencia, como para poner como el top de los males posibles a una serie televisiva (¿otra vez?).

Veremos cuántos indignados harán algo concreto por alguna víctima en esta historia sin fin que ya se cuenta por millones.

Veremos cuántos apoyarán a la hora de los hechos, la restitución de tierras, la reparación que hoy todos queremos tapar con el mismo dedo que mueve el control remoto.

Pura falta de oficio. Si lo recordamos, habrá que contestarle al DANE que somos un país de desocupados y ociosos, por decir lo menos.

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