Por: Arlene B. Tickner

Entre el garrote y el baloncesto

Pocos asuntos suscitan tanto consenso mundial como la necesidad de desnuclearizar a Corea del Norte. La conducta provocadora del régimen norcoreano, que se resume en la realización de repetidos ensayos de misiles y pruebas nucleares, ha agudizado las tensiones no solo entre las dos Coreas, sino entre Estados Unidos y China – el único país con capacidad real de influencia sobre Pyongyang pero cuya voluntad política ha sido relativa dados sus intereses económicos – empeorando también las deterioradas relaciones sino-japonesas.

Además, ha tenido un impacto negativo sobre el ambiente geoestratégico del Noreste Asiático. Mientras que en Corea del Sur se reevalúa la política de no tener un programa nuclear propio y se intensifican las dudas sobre la capacidad y el compromiso de Washington de defenderla, en Japón se discute modificar la renuncia constitucional a la guerra para permitir la eventual participación de ese país en acciones de defensa colectiva. Ambas posiciones que inquietan profundamente a China y que pueden molestar a Rusia.

Pese a la reconocida importancia de la desnuclearización y de la preservación de la paz en la Península de Corea, no es claro cómo hacerlo, sobre todo cuando el régimen norcoreano no responde a los mecanismos diplomáticos convencionales. Ante su retiro del Tratado de no Proliferación Nuclear en 2003, se iniciaron las Conversaciones de Seis Partes con la participación de China, Estados Unidos, Japón, Rusia y Corea del Sur con el fin de negociar el desmonte de su programa nuclear. Éstas no solo no arrojaron acuerdos sustantivos sino que no fueron obstáculo para que Corea del Norte realizara pruebas nucleares en 2007 y 2009. Tampoco han sido efectivas las resoluciones sancionatorias del Consejo de la Seguridad de la ONU, cuyos términos han sido violados y desafiados una y otra vez. Y el uso de la disuasión, otro tipo de garrote empleado por la Casa Blanca mediante ejercicios militares conjuntos con Seúl y el refuerzo de su sistema antimisiles, ha sido correspondida en la más reciente escalada – provocada por la tercera prueba nuclear de febrero -- con medidas aún más agresivas como la terminación del armisticio de 1953 y la amenaza de una “miserable destrucción” de Corea del Sur y Estados Unidos.

Frente a la fracaso de las negociaciones multilaterales, los acercamientos secretos y el garrote para disciplinar a Corea del Norte, algunos han visto en la reciente visita de Dennis Rodman y los Globetrotters las ventajas potenciales de una diplomacia del baloncesto similar a la del ping-pong utilizada por Estados Unidos para acercarse a China. Al lado de su profundo anti-americanismo, coexiste una paradójica fascinación norcoreana con el baloncesto así como con elementos de la cultura popular estadounidense, tales como la música y los videojuegos; para la muestra las excéntricas propagandas del régimen.

Si bien el deporte ha sido utilizado para aumentar el control totalitario que existe sobre la población, no es menos cierto que una forma de incidir sutilmente en la interacción norcoreana con el mundo es mediante el influjo de ideas y elementos culturales. ¡Increíble no más la radiante imagen de Kim Jong-un sentado al lado del “chico malo” del NBA lleno de tatuajes y piercings! Aunque esto no significa que no haya que seguir aplicando sanciones contra Corea del Norte, ¿quién quita que entre el garrote y el baloncesto el segundo no termina afectando más su retorno a la diplomacia?  

Buscar columnista

Últimas Columnas de Arlene B. Tickner