Opinión |20 Mar 2013 - 11:00 pm
Fajardo y la educación
Por: Juan Manuel Ospina
Escuché con atención a Sergio Fajardo en su rendición de cuentas como Gobernador de Antioquia, en la Universidad Jorge Tadeo Lozano.
Un proyecto coherente que ejecuta con orden y, valga la repetición, coherencia. La gente según las encuestas, le cree y como el mismo lo dice, le tiene confianza, el principal activo político para tener éxito en las arenas movedizas de la actividad pública.
El corazón de su visión y de su acción está en las personas y en el fortalecimiento de sus capacidades para enfrentar los desafíos de sus vidas y realizar sus aspiraciones. Cuando a la gente se le respetan sus derechos e individualidades, la Sociedad avanza como un todo. Fajardo con su énfasis en el tema de la educación se identifica con la perspectiva de las llamadas “sociedades del conocimiento”, centradas en la capacidad humana para aprender, para crear e innovar tanto en lo material como en lo cultural, y para transformar sus entornos vitales. Al hablar de educación y de “Antioquia más educada” (y antes había sido Medellín y después…) se refiere al conjunto de acciones que desde la educación propiamente dicha se integran con los procesos de ciencia y tecnología, con los de innovación y con la cultura. En esa dimensión de la realidad humana encuentra el camino para una reorganización de la Sociedad que le abra nuevos horizontes a la tarea de generar y distribuir socialmente riqueza, le responda a las necesidades y aspiraciones ciudadanas y le cierre el camino a la corrupción de la política y de la gestión de la cosa pública. Se busca que sean “muchos ojos y pocas manos” frente a las instancias públicas.
El interrogante que quedó planteado después de la intervención del gobernador fue por qué a pesar de sus esfuerzos por impulsar la educación como Alcalde de Medellin, los indicadores de calidad no mejoraron. La respuesta estuvo centrada en el tema de los maestros y maestras. El magisterio ocupa los últimos lugares de preocupación, valoración y atención en las universidades; la formación en las normales está manga por hombro y los maestros han concentrado su interés en la lucha salarial más que en defender su papel crucial en la Sociedad.
El Gobernador Fajardo fue más lejos y señaló el abandono en que cayó en Antioquia y en el país la educación, más como negocio que como un servicio y política pública. Y es cierto. Vivimos el deterioro y casi que el derrumbe de la educación pública y el ahondamiento de las ya críticas brechas sociales. Por ello, muchos, muchísimos jóvenes enfrentan la angustia de una condición de “no futuro”. Las democracias fuertes y las economías pujantes tienen sistemas educativos públicos igualmente fuertes y pujantes: Francia, Inglaterra, Alemania, Japón; entre nosotros, Chile, Argentina y Brasil.
El abandono de la educación pública fue importado de Estados Unidos en medio del frenesí de entregarlo todo a la oferta y la demanda y de satanizar todo aquello que tuviese tufillo a público, a Estado. Hoy en Norte América crece el consenso de reconocer que el abandono de su sistema de educación pública les genera uno de los principales obstáculos para reordenarse como sociedad y enfrentar con éxito los desafíos del siglo XXI. Fajardo toca la alarma y muestra el camino. Los norteamericanos, los legitimadores de facto de los cambios en las políticas públicas entre nuestra tecnocracia criolla, están revisando sus políticas. Acá, como de costumbre seguimos en la penúltima moda. Fajardo puede hacer mucho para que nos actualicemos y demos el paso y pronto.
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