Por: Santiago Gamboa

El lenguaje de Dios

Viendo al nuevo papa por la televisión, en su primera salida a la plaza del Vaticano, y luego en el ángelus y en su misa de entronización, esperé en vano que hablara en español, que dijera algo, una frase sencilla.

Hubo lecturas en otros idiomas, pero él habló sólo en italiano. Es extraño, pues si este hombre es el máximo representante de Dios en la Tierra y su lengua materna es el español, quiere decir que, al elegirlo, el Espíritu Santo eligió también al español como la lengua en la cual los mensajes de Dios serán procesados.

Me apresuro a decir que no soy creyente, pero las religiones me interesan. Las considero creaciones humanas y expresiones artísticas, hijas de la soledad esencial del hombre y de sus miedos, como la poesía y la filosofía, pues una religión es sobre todo un sistema metafórico que permite al ser humano ejercer la espiritualidad, dándole a su vida un sentido más allá de la muerte. Espero que nadie se moleste si digo que, para mí, las religiones son también un género literario en el que intervienen la épica, la poesía, la novela, el ensayo, la filosofía, la oratoria, el teatro e incluso la ópera. Desde este punto de vista es uno de los más completos y, como todo género literario, es en esencia multilingüe: puede ser practicado en cualquier idioma. La única religión que se resiste es el islam, que considera el árabe su idioma sagrado y único, y por eso cuando se profesa en India o Indonesia, en Bosnia o Zanzíbar, lugares con lenguas propias, el rezo debe hacerse en árabe (como dice Christopher Hitchens, es algo un poco extraño y macabro la idea de un dios monolingüe en una religión que se pretende universal). Y como la literatura, las religiones también se influencian y contaminan entre sí. Hay elementos budistas y por supuesto judíos en el cristianismo. El Corán repite versículos de la Torá y de los evangelios y, según Reza Aslán, “una reproducción literal, palabra por palabra, del Padrenuestro”.

Pero vuelvo al papa Francisco y a su español, que imagino teñido de acento porteño. Es interesante imaginar a Dios expresándose a través de un habla tan llena de giros y dobles sentidos, que a la menor provocación se transforma en esa jerga portuaria de protección llamada “lunfardo”; y que además produjo el tango y la poesía de Borges. ¿Por qué la Iglesia considera que la creación de los idiomas fue un castigo? Al contrario: castigo sería condenar a todos los hombres a hablar la misma lengua, algo imposible. Los filólogos sabemos que los idiomas son creaciones culturales que atesoran el ADN de la sociedad que los inventa. Por eso cuando el papa Francisco habla, es toda la cultura hispana y rioplatense la que se expresa a través de él, la que le sugiere metáforas y formas. “Dios no se cansa de perdonar al hombre, es el hombre el que se cansa de pedirle perdón a Dios”, dijo Francisco en su primer ángelus, y a pesar de que lo dijo en italiano a mí ya me parece reconocer algo de la sencilla prosodia de Borges, de su amor por las aposiciones. Hay que estar pendiente del español de Francisco —hoy el lenguaje de Dios, para los creyentes—, el papa latinoamericano que, como escribió Martín Caparrós, “es además otro ejemplo del mito del argentino que triunfa en el exterior”.

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