Por: Iván Mejía Álvarez

Conspiraciones.

El fútbol sigue viviendo no sólo de los goles, las tapadas, las combinaciones, la táctica y el espectáculo, también se alimenta de los escándalos y la permanente sensación de que existen unos “vivos” que se aprovechan de la ingenuidad general del aficionado y de la debilidad de un periodismo que teme denunciar y le parece correcto el “tapen... tapen”.

La semana dejó dos lamentables episodios que dejan en entredicho la credibilidad del negocio-fútbol. El primero, las declaraciones de Blatter, el “taita de los bandis”, quien insinuó lo que ya había denunciado France Football recientemente: la manipulación y compra de la sede del Campeonato del Mundo a favor de Qatar.

El suizo contó al diario deportivo As que la comisión técnica de la Fifa había recomendado a los 25 integrantes del comité ejecutivo de la entidad abstenerse de aceptar la propuesta de Qatar por motivos absolutamente técnicos y deportivos. En la época del Mundial el calor reinante en Qatar es cercano a los 40 grados, las calles permanecen vacías, no hay la menor posibilidad de un espectáculo grande en lo emocional y concurrencia. Además, las condiciones fisiológicas por la altísima temperatura no hacían aconsejable jugar el Mundial en el verano y tendría que pensarse en la posibilidad de cambiar la fecha para el mes de enero, con todos los traumatismos que ello supone en el calendario universal de las ligas y torneos domésticos.

Dijo Blatter que a pesar de todo, Qatar ganó y dejó sembrada la duda que France Football develó: los petrodólares se movieron en forma vergonzosa y muchos miembros del comité recibieron prebendas para dar su voto por el país asiático. Esas cuentas corrientes en los bancos suizos se engordaron desproporcionadamente, la ventaja de pertenecer al club de “los bandis”. Directivos que tenían una ferretería y hoy poseen inmensas haciendas en Brasil y Argentina, carniceros que de la noche a la mañana tienen casa-finca-carro y beca.

El otro tema lo denunció un árbitro turco: la Uefa se prestó para una componenda en el sorteo de la Champions a partir de una manipulación de las balotas, que tendrían una vibración que impedía la conformación de llaves que pudieran eliminar a los grandes entre sí. La teoría conspiratoria tiene su asidero y en la televisión de ese país el juez hizo la demostración cabal. No suena extraño, en Suramérica se han visto unos sorteos de la mano de De Lucca, el argentino que manipula esas bolillas de una manera descarada, que nada impide creer en la teoría del turco.

Sí, el fútbol no sólo es el juego, es también la “cloaca” que hay detrás… cada día más evidente y fétida.

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