Por: Hernán Peláez Restrepo

Vamos bien

Esta selección de Colombia ya tiene fisonomía de equipo, porque los técnicos de selección buscan a los mejores o al menos los que acusen gran nivel en sus clubes de origen, pero cuando un seleccionado llega a convertirse en equipo, con juego asociado y con valores que marcan diferencia, el camino por recorrer está más despejado.

En el primer tiempo frente a Bolivia, la selección jugó a media marcha, con poca influencia de James Rodríguez, con Falcao extendiendo una racha, típica de goleadores, con el arco cerrado a pesar de sus buenas intenciones. Menos mal Bolivia nunca representó fuerza opositora seria, tanto así que sólo se arrimaron con un remate solitario a los 19 minutos.

Pero toda la película cambió para la complementaria. Cuadrado, como Macnelly, quienes habían sido los destacados en la inicial, ya ubicaron compañeros más metidos en el partido. Teófilo y Falcao se movieron con gran desgaste para el sistema defensivo de Bolivia. Zúñiga comenzó a asfixiar a los contrarios, llevándoles la pelota, mostrándola, y poco a poco comenzaron a caer los goles, hasta llegar a cinco y desatar la euforia en el país.

Pékerman, quien no deja traslucir nerviosismo, sostuvo a Falcao hasta que éste terminó con la sequía personal, marcó su gol, y Cuadrado, un especialista en romper esquemas rivales, recibió aplausos para que Armero se diera el gustazo de conseguir su gol cuando lo reemplazó.

El equipo es seguro, sabe a qué quiere jugar y, lo más importante, los nueve puntos que quedan en el Metropolitano garantizarían la presencia en el Mundial. Claro que aún se pueden conseguir puntos por fuera, y de allí la importancia del choque con los venezolanos el martes en Puerto Ordaz.

Volviendo a la historia de este equipo, es preciso reconocer que Pékerman tiene el palito para manejar a este grupo de jugadores ganadores, si se mira dónde actúan, porque el gesto más diciente se apreció con la celebración del grupo con Armero: los suplentes entraron a felicitarlo, y eso habla a las claras de la madurez de todos para aceptar estar en el banco y reprimiendo las ganas de jugar.

Ya nadie se escandaliza con lo que gana en dólares Pékerman ni se cuestiona el número de ayudantes a su disposición, lo que certifica que los resultados acallan todos los reclamos. No solamente vamos por buen camino, sino cerca de poder cumplir con el objetivo de clasificar.

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