Por: Ernesto Macías Tovar

Peor que el Caguán

Una de las diferencias entre las negociaciones con las Farc del Caguán y La Habana, consiste en que Pastrana como candidato prometió dialogar si resultaba elegido, y en el segundo caso Santos anunció lo contrario.

 Pero fue tan nocivo para el país lo de la “zona de distensión”, que el presidente Santos cuando anunció este “segundo Caguán” en La Habana, advirtió que no cometería los errores del pasado. Sin embargo, lo ocurrido hasta la fecha evidencia que no solo ha caído en los mismos problemas sino que, al parecer, los secretos que guardan el Gobierno y los cabecillas terroristas serán ruinosos para la institucionalidad del país.

Un grave error de este “segundo Caguán” es hacerle creer a los colombianos y a la comunidad internacional que se trata de un “acuerdo para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera”, lo cual aparentemente busca dos fines muy diferentes: la terminación del conflicto o de actividades criminales, que no se exigió para sentarse a la mesa; y el logro de la paz, que de ninguna manera resulta de firmar un papel entregando el manejo del país a las Farc.

De lo poco que sabemos -porque el negocio se pacta en La Habana y a espaldas del país- a través de las revelaciones de Enrique Santos quien interpreta bien a las Farc y es hermano del Presidente, se colige que el Gobierno entregará todo a cambio de nada. Porque el Presidente ha mostrado que por encima de los intereses del país está un premio de paz que busca con angustia y la posibilidad –lejana- de su reelección. Eso otorga ventajas a los cabecillas de las Farc porque están negociando con un presidente débil y acorralado por sus propias ambiciones. Por esa razón creen tener “de un cacho” las curules en el Congreso, sueño que vieron frustrado en el Caguán, pero que hoy seguramente les ratificaron los congresistas que fueron con reclinatorio hasta Cuba a decirles que las mayorías parlamentarias están dispuestas a todo con tal de hacerse a la “mermelada” adicional que les han prometido.

Otro sueño fariano frustrado del Caguán, es el de lograr territorios “libres y autónomos”: En esta oportunidad, bajo el disfraz legal de “zonas de reserva campesina”, las Farc piden más de nueve millones de hectáreas a través de las cuales ejercerían un poder real, aparentemente en manos de campesinos, y en donde, según ellos, no puede haber presencia de la fuerza pública ni de autoridades civiles. Es decir, zonas prohibidas para el Estado.

Algo peor que el Caguán, que también constituye otro grave mal, es el doble discurso que maneja el Gobierno. Por un lado, sus negociadores sentados a manteles en La Habana reciben órdenes directas del presidente Santos para conceder todo cuanto exijan los terroristas; y, por otro, los ministros de Defensa y de Agricultura que disparan permanentemente contra la negociación. Esto, sin duda, es una comedia preconcebida que solo busca engañar al país.
Ahora, el Gobierno, con sus alter egos Kike Santos y Roy Barreras, trata de meterles susto a las Farc pidiéndoles que firmen rápido antes del regreso del Uribismo al poder: Y, de paso, Kike, habla de crear un movimiento político bolivariano de extrema izquierda con las Farc.

@emaciastovar

Buscar columnista

Últimas Columnas de Ernesto Macías Tovar